La tónica general de este imparable mercado alcista iniciado en marzo de 2009 ha sido el escepticismo de los inversores y la búsqueda constante por parte de casi todos los analistas e inversores de la próxima recesión. Y no es de extrañar. El golpe económico y psicológico que supuso la Gran Crisis Financiera de 2008 - 2009 fue tan grande (los principales índices bursátiles se desplomaron casi un 50%) que aún hoy siguen sintiéndose sus efectos. Ese miedo forzó a muchos inversores a vender precipitadamente sus posiciones durante los meses de la crisis y les impidió volver a tomar posiciones una vez que la recesión finalizó. Y conforme subía el mercado, mayor era el miedo que tenían, ya que temían entrar justo en la cresta de la ola. Sin embargo, y hasta la fecha, nada de eso ha sucedido. El mercado estadounidense ha seguido escalando posiciones de forma ininterrumpida desde esas fechas y actualmente cotiza en máximos históricos. Y precisamente este el motivo que ha llevado a muchos analistas a buscar desde hace muchos años señales que anticipen una recesión con el fin de que el mercado caiga y puedan entrar de nuevo (no quieren perderse de nuevo la fiesta alcista).
Sin embargo, la ausencia de recesiones en Estados Unidos durante esta última década (2010 – 2019) no ha impedido que el actual mercado alcista haya tenido sus correcciones. Según observamos en el gráfico inferior, desde marzo de 2009 hasta la actualidad el S&P 500 ha sufrido seis caídas superiores al 10% (señaladas con un círculo rojo), siendo la última corrección del mes de diciembre de 2018 (-19 %) la más intensa de todas ellas. Pero la mayoría de estas caídas se han saldado con recuperaciones muy rápidas en forma de “V”, lo que ha impedido a muchos inversores volver a entrar al mercado.
Y es que muchos inversores tienen la falsa creencia de que una recesión económica es la única forma posible de lograr la “compra óptima”. Nadie duda de que las caídas bursátiles que se producen durante un periodo recesivo son excelentes oportunidades de compra a medio plazo. Por ejemplo, si analizamos los “drawdowns” que se han producido en los mercados bursátiles durante los distintos períodos recesivos desde la Segunda Guerra Mundial, se comprueba como en todas las recesiones (salvo excepciones puntuales como en la recesión del año 1945), las caídas bursátiles suelen ser muy profundas (una caída media cercana al 30%). Es evidente que si somos capaces de comprar en medio de estas caídas tan pronunciadas, las rentabilidades que obtendremos a medio plazo serán muy elevadas.
(Fuente: A Wealth of Common Sense)
Pero aún en el hipotético e improbable caso de que sepamos de antemano cuándo va a tener lugar la próxima recesión, dejar guiar nuestras decisiones de inversión en base a una futura recesión no parece la mejor idea, ya que el comportamiento del mercado antes de la misma es muy errático e imprevisible. Como vemos en la tabla inferior, durante los seis meses anteriores al inicio oficial de una recesión el mercado puede tener fuertes revalorizaciones (como es el caso de las recesiones de los años 1945 y 1948), aunque también puede tener caídas muy severas como las que se produjeron en la antesala del estallido de la burbuja tecnológica (el S&P 500 se desplomó casi un 20% antes de que el NBER - National Bureau of Economic Research - declarara oficialmente el inicio de la recesión).
(Fuente: A Wealth of Common Sense)
Pero como decimos, no es necesario que medie una recesión para que el mercado nos brinde extraordinarias oportunidades de inversión. Desde 1928 el S&P 500 ha tenido 53 correcciones de doble dígito (es decir, superiores al 10%), lo que significa que cada año y medio aproximadamente el mercado cae un 10% o más. Y de esas 53 correcciones de doble dígito, 33 han tenido lugar fuera de períodos recesivos y han dado lugar a caídas bursátiles medias del 16,5% (lejos del 33% que se alcanza de media durante los mercados bajistas que acompañan a las recesiones).
Por un lado, la primera conclusión que se puede extraer es que más del 60% de las correcciones de doble dígito se producen sin que medie una recesión económica. Por otro lado, la segunda conclusión es que las correcciones que tienen lugar en períodos “no recesivos” son la mitad de cortas en duración y profundidad que las que se producen en períodos recesivos.
(Fuente: A Wealth of Common Sense)
De este modo, y ante estas evidencias objetivas (aquí no hay ningún grado de interpretación, puesto que son datos puramente objetivos), quizás convendría al inversor replantearse la estrategia de buscar la próxima recesión para decidirse a invertir. Porque en el caso de que sepamos con cierta exactitud cuándo se va a producir, nunca sabremos cómo de fuerte será la caída del mercado. ¿Qué pasaría si estamos esperando una caída del 40% en el S&P 500 y ésta se queda en el 30%?¿Nos quedaríamos fuera del mercado? Y aún en el caso de que el mercado cayera hasta donde usted estima que debiera hacerlo, ¿tendría estómago para comprar en esos momentos de máxima incertidumbre?
Esto no significa que el inversor deba ignorar sistemáticamente las señales macroeconómicas que hablen de fin de ciclo y posible recesión, pero sí establecer una estrategia lo más disciplinada posible que le permita aprovechar las correcciones bursátiles (tengan lugar dentro de un período recesivo o no) para ir confeccionando una cartera de inversión a precios atractivos.
El coste de oportunidad de estar fuera del mercado durante estos diez años ha sido tan grande que es necesario repensar todo lo que sabíamos hasta ahora. Es más, es altamente probable (dado que el sistema económico actual y futuro se parecerá muy poco al pasado) que en las próximas décadas las recesiones sean cada vez menos frecuentes y de menor intensidad en términos de caída del PIB, aspecto que ya comentamos hace a finales del mes de diciembre.
(Fuente: ISABELNET)
De este modo, si realmente son inversores de largo plazo (en estos últimos años todo el mundo afirma serlo, pero realmente se verá quién lo es de verdad cuando lleguen las primeras caídas fuertes), no deberíamos temer la llegada de una recesión. Al contrario, es una extraordinaria oportunidad que nos brinda el mercado periódicamente. Pero el inversor deberá tener presente diversos aspectos: la dificultad de anticipar una recesión, la cada vez menor frecuencia de éstas, la incertidumbre acerca del comportamiento del mercado bursátil antes, durante y después de las recesiones, etc. Por ello, siempre que vean caídas o correcciones más o menos significativas, compren y no desaprovechen la ocasión que les brinda el mercado. La búsqueda de la próxima recesión ha supuesto a muchos inversores dejar de ganar miles de euros. ¿Están dispuestos a seguir buscando la próxima recesión?
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