Numerosos analistas nos vienen alertando desde hace tiempo de las elevadas valoraciones de los activos de renta variable, así como del optimismo y complacencia existentes entre los inversores. Estas señales no han desembocado en ningún tipo de corrección significativa en los últimos dos años. El mercado estadounidense ha continuado subiendo de forma prácticamente lineal, y las preocupaciones sobre la sostenibilidad de las subidas son cada vez mayores.
Dana Lyons, socio de J. Lyons Fund Management Inc., ha alertado recientemente de los niveles que ha alcanzado la exposición a bolsa de las familias y organizaciones sin ánimo de lucro de Estados Unidos. Esta cifra, que se mide en proporción al total de activos financieros, se situó a 30 de septiembre en el 36,3%. De acuerdo con los datos disponibles (la serie comienza en el año 1945), la cifra actual sólo fue superada en los años 1999-2000, justo antes del estallido de la burbuja puntocom. El autor apunta este indicador como señal inequívoca de alerta: los inversores minoristas habrían entrado en masa al mercado, dejando poco margen de subida posible, pero mucho de caída.
(Fuente: J. Lyons Fund Management Inc)
Este indicador es uno de los favoritos para Dana Lyons, porque no sólo revela información sobre los niveles de inversión de los particulares, sino también sobre la psicología de los mismos. Cuando los inversores han tenido experiencias recientes positivas en el mercado bursátil, es decir, durante un mercado alcista, se han mostrado más receptivos a la hora de invertir en renta variable. Por otro lado, cuando los inversores han tenido malas experiencias recientes con las acciones, los flujos de inversión se han visto afectados negativamente. Esta situación refleja claramente la teoría de que los sentimientos de miedo o pérdida (en este caso bursátiles), son mucho más fuertes y duraderos que los de codicia.
¿Qué nos dice la historia?
Si observamos con detenimiento el gráfico anterior, se puede comprobar como los principales techos de mercado (1966, 1968, 1972, 2000 y 2007) coincidieron con elevados niveles de exposición de los inversores a renta variable. Si bien es cierto que conforme sube el mercado, el porcentaje de exposición de los inversores a renta variable aumenta, el autor señala que justo antes de los citados techos, este porcentaje ha aumentado de forma más brusca. Un buen ejemplo de estos incrementos de la exposición a renta variable cerca de techos de mercado los tenemos en los años 1968, 1972 y más recientemente en el año 2000.
En relación con la psicología y el comportamiento de los inversores, el mercado bajista secular de 1966-1982 es un buena muestra de ello. La exposición a renta variable se situó en máximos (31%) en el año 1968, y a pesar de que el mercado bursátil se mantuvo lateral durante los 14 años siguientes, la exposición a bolsa fue disminuyendo año a año hasta marcar un mínimo histórico en el año 1982 (10,9%). Cuando en 1982 comenzó el mercado alcista secular que duraría hasta el año 2000, el S&P 500 se encontraba al mismo nivel que en 1968, sin embargo, la exposición de los inversores a renta variable se encontraba en mínimos. ¿Por qué ocurrió esto? Muy posiblemente, la volatilidad de dicho período, con fuertes caídas y recuperaciones posteriores, influyó en el ánimo de los inversores y no fue realmente hasta el año 1991 cuando comenzaron a invertir de forma significativa en bolsa.
Situación actual
Como hemos dicho anteriormente, se trata de la lectura más elevada de toda la serie histórica, con la excepción del año 2000. Si bien hasta el año 2013 la mayoría de índices bursátiles no superaron los máximos históricos previos alcanzados en el año 2007, el porcentaje de inversión en renta variable de los hogares estadounidenses tardó varios meses en superar los máximos previos. Sostiene Dana Lyons que la crisis financiera del 2009 afectó de forma muy intensa a los inversores, los cuales han tardado mucho tiempo en volver a entrar en renta variable. Y aún así, sigue habiendo muchos inversores recelosos de entrar en bolsa, debido a los dos intensos mercados bajistas sufridos en los últimos doce años (burbuja puntocom y burbuja subprime).
Sin embargo, la reducida volatilidad de estos últimos dos años, así como la fuerte subida que han experimentado los mercados, habría desencadenado la entrada en masa de los inversores en los últimos meses según el autor, llevando este indicador a los niveles actuales. Pero Urban Carmeldisiente, apuntando que en siete de los últimos diez meses, se han visto salidas netas de dinero en fondos de renta variable estadounidense. Este dato refleja una realidad distinta y bastante menos preocupante de la que transmite Lyons, puesto que los anteriores techos de mercado (años 2000 y 2007) estuvieron acompañados por persistentes entradas de dinero en fondos de renta variable, cosa que no sucede hoy.
(Fuente: The Fat Pitch)
La opinión de Lyons, por tanto, contrasta fuertemente con la de Urban Carmel, quien señala que la elevada lectura de este indicador no es una señal de venta ni de alerta. Tal y como vemos en el gráfico inferior, las dos veces recientes en que se alcanzó un nivel similar al actual (1998 y 2013), los mercados bursátiles siguieron ascendiendo significativamente, con subidas de entre el 40% y el 60%.
(Fuente: The Fat Pitch)
Según Carmel, este indicador simplemente refleja el hecho de que los mercados han subido y no anticipa nada. Existen, a su juicio, medidas mucho más precisas para medir el sentimiento y las valoraciones, ya que el nivel de exposición a renta variable de los hogares no es más que un indicador coincidente con los mercados. Por ello, Urban Carmel afirma que esta métrica tiene poca o nula efectividad a la hora de pronosticar giros (techos y/o suelos) en el mercado.
Básicamente, el parámetro que pretende medir este indicador es el nivel de confianza o complacencia de los inversores respecto a la renta variable. En esta línea, el analista Miguel Navascues, señala que hay un patente exceso de confianza y apetencia por el riesgo, en base a la baja volatilidad, el aplanamiento de la curva de tipos o la reducción en los spreads de crédito (diferencia de rentabilidad entre bonos “investment grade” y el bono a 10 años del Tesoro estadounidense: ver gráfico inferior). Muy explícitamente señala: “esto es una situación de euforia psicológica que puede tornarse en una monomaniaca aversión al riesgo en un tiempo que, sin darse uno cuenta, se encuentra con que sus posiciones ya no valen lo de hace una hora”.
(Fuente: Miguel Navascues en inBestia)
Pero, ¿y si estos indicadores están reflejando la buena salud y fortaleza de la economía estadounidense y global? ¿Y si este optimismo está justificado? Callum Thomas, director de investigación de Topdown Charts, aporta evidencias en esta línea en relación a la reducción de los spreads de crédito en el segmento High Yield (denominados coloquialmente bonos basura). Incluso, estaría justificado por los fundamentales macroeconómicos que el diferencial fuera aún más bajo. Lo que realmente debería preocuparnos es que este diferencial comenzara a repuntar de forma considerable.
Como hemos puesto de manifiesto, los analistas mantienen opiniones muy diferentes, incluso utilizando los mismos datos. Los datos, por sí mismos, pueden no tener un significado inequívoco: deben ser interpretados correctamente. Constantemente los inversores nos vemos bombardeados por datos y aparentes señales, alcistas o bajistas, que debemos analizar con cuidado. Un ejemplo de ello es el indicador que mide la exposición de las familias a renta variable, que está en niveles muy elevados históricamente y que podría verse como señal de alerta. Pero hemos visto que se trata de un indicador poco fiable (“ruido estadístico”, según Carmel): no adelanta nada, sino que más bien es coincidente, es decir, se mueve casi al unísono que la bolsa. Esta elevada exposición en la actualidad simplemente estaría reflejando que las bolsas están en máximos. Sin duda, sería más conveniente utilizar otros parámetros para tratar de anticipar la evolución futura de los mercados.
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