Innovación, Disrupción, y la ilusión de Valor - Una advertencia para el Value Investing

12 de marzo Incluye: AAPLAMZN 0
Asesor de inversiones basado en Kansas, Estados Unidos. Cuenta con 15 años de experiencia en la industria, y escribe sobre temas financieros... [+ info]
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Hace algo más de diez años, los inversores interesados en el mercado de rápido crecimiento de dispositivos móviles tenían dos opciones: la "Empresa A", que era el actor dominante en términos de cuota de mercado, y la "Empresa B", que era un actor conocido en el sector de la tecnología, pero un recién llegado a la industria de la telefonía móvil.  Para los inversores en valor, la elección parecía clara, ya que la empresa A cotizaba con un fuerte descuento respecto a la empresa B, independientemente de la métrica de valoración que se utilizara:

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Sin embargo, elegir las acciones de la empresa A basados exclusivamente en su valoración y cuota de mercado habría sido un desastre para los inversores en valor, ya que la empresa B obtuvo un rendimiento superior sobre la empresa A de 340 puntos básicos anuales durante los siguientes diez años:

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(Nota del editor: El gráfico actualizado quedaría de la siguiente manera, siendo la línea roja la evolución de la cotización de la empresa A y la línea negra el cociente entre la empresa A y la empresa B

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A cualquier persona familiarizada con el mercado de dispositivos móviles no le sorprenderá que la “empresa A” es Nokia y la “empresa B” es Apple. El iPhone de Apple, que se estrenó en 2007, pasó a revolucionar el mercado de teléfonos móviles y contribuyó a impulsar a Apple a la posición de compañía de mayor valor bursátil del mundo (a día de hoy es la segunda, a poca distancia de Microsoft). Nokia, en contraste, fue la víctima de la disrupción de Apple, y sus acciones se desplomaron junto con su cuota de mercado. A pesar de ser la “apuesta de valor” aparente durante mucho tiempo, una inversión de 10.000€ en Nokia en 2007 valdría hoy alrededor de 3.000€.

De forma similar, diez años atrás, compañías de distribución minorista bien establecidas como JW Nordstrom, Macy’s y JC Penney cotizaban con importantes descuentos frente a Amazon, que por aquel entonces todavía estaba por debajo de sus máximos de la burbuja tecnológica. Huelga decir que Amazon desde entonces se ha disparado a nuevos máximos, mientras que las acciones aparentemente baratas de distribuidores tradicionales se han desplomado a mínimos de muchas décadas, si no mínimos históricos.

La inversión en valor exitosa requiere una disciplina y un foco que le ayude a uno a resistir los largos períodos de dolor y duda durante los cuales las inversiones en valor no dan fruto. Menos comentado, sin embargo, es el hecho de que también requiere que el inversor acierte en su visión sobre el futuro. Puedo hablar de esto desde mi experiencia personal, ya que mantuve algunas posiciones de clientes en Nokia durante unos años después del estreno del iPhone. En el momento de su estreno, nunca imaginé que sería tan exitoso como lo ha sido. Después de todo, el atractivo masivo de un producto revolucionario no es fácilmente cuantificable por ninguna métrica. Eventualmente, hice lo prudente, y corté mis pérdidas, e incluso roté hacia Apple. Haber hecho esto puede haber sido una violación de la disciplina de la inversión en valor, pero la realidad es que el aparente "valor" de Nokia era realmente una ilusión; la innovación de Apple y la disrupción que produjo lo dejaron muy claro. La historia parece repetirse ahora no sólo con Amazon y los minoristas tradicionales, sino también con Netflix y las compañías de medios tradicionales, y quizás con Tesla y los fabricantes de automóviles.

Esto no quiere decir que la inversión en valor debería abandonarse debido a su aparente inutilidad. Al contrario, así como la historia está llena de claros ejemplos de destrucción creativa, también está llena de ejemplos de inversores que abandonan equivocadamente (en retrospectiva) a grandes empresas e industrias por miedo a sufrir la disrupción, siendo los ferrocarriles (las supuestas víctimas de los viajes revolucionarios en automóvil y en avión) el ejemplo más claro (pág. 10 del enlace).

El detalle menor, sin embargo, en el caso de los ferrocarriles es que se necesitaron décadas para que su verdadero valor (y por lo tanto su rendimiento superior al mercado) se hiciera realidad. En retrospectiva, es fácil ver el error que cometieron los inversores al descartar las acciones de los ferrocarriles. Sin embargo, en tiempo real, como estamos viendo hoy, es inmensamente difícil no dudar de la viabilidad de modelos de negocio enteros que actualmente están siendo presionados por nuevas empresas e industrias disruptoras.

Para que la inversión en valor tenga éxito, en mi opinión, se requiere tanto de oportunismo como de escepticismo. Las métricas y los modelos no son lo suficientemente informativos para un inversor, es decir, pueden ayudar pero solo hasta cierto punto. Los inversores deben conocer bien la historia para comprender que la innovación y el cambio no sólo crean oportunidades, sino que también destruyen el capital. Las métricas financieras deben ser combinadas con conceptos como los fosos defensivos (moats), los cuales, tomados en conjunto con las métricas, separan el valor verdadero de la ilusión de éste.

Nota del editor:

Este artículo se publicó originalmente en inglés, en el blog de Fortune Financial Advisors. El lector puede seguir al autor en Twitter. Traducción realizada por la edición de inBestia.

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