Más allá de la paciencia en el éxito inversor: ¿es importante el dónde y el cuándo invertimos?

21 de junio 0
Editor Jefe de inBestia. Profesor en el Centro de Estudios OMMA y el Título de Experto en Bolsa y Mercados de la Universidad de Alicante.... [+ info]
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En mi penúltimo artículo hablaba de la paciencia en el contexto inversor, de por qué es importante y por qué es una condición necesaria, pero no suficiente, para tener éxito a largo plazo. Además de la paciencia, hay otros factores que debemos tener en cuenta. Básicamente, seleccionar bien los fondos o activos en los que invertimos, algo que no es sencillo ni para el inversor que tiene ciertos conocimientos y experiencia, así que mucho menos para el que no tiene ni idea.

Seguro que usted, lector de inBestia, tiene al menos algunas ideas sobre fondos de inversión y conoce alguno de ellos. Pero en su entorno conocerá a personas que tienen un dinero que les gustaría invertir bien, pero no saben ni por dónde empezar. ¿Moda value? Puede que en medios especializados sí, pero la mayoría de personas no ha oído hablar de ello. Probablemente más personas hayan oído hablar de las criptodivisas que de la inversión en valor, y eso que las primeras llevan apenas unos años. Pero las criptodivisas hasta salieron en los principales telediarios al calor del auge desmedido en su precio.

La importancia de saber elegir bien, ciñéndonos a las instituciones de inversión colectiva, es mayor en la gestión activa, obviamente. La dispersión de resultados es mucho mayor, dado que no están pegados a un índice como sí lo están los vehículos indexados. En estos últimos los criterios de selección deben centrarse en la variable de costes, es decir, optar por aquellos con menores costes. Pero incluso aquí hay ciertas decisiones que se deben tomar. Al fin y al cabo es una aproximación a la inversión no tan pasiva como sugiere el término más popular de “gestión pasiva”.

Una de esas decisiones importantes es la asignación de activos (asset allocation), es decir, cuánto invierto en acciones (renta variable), cuánto en bonos (renta fija), cuánto en activos alternativos (materias primas o inmobiliario) y cuánto me dejo en liquidez. Esta decisión antecede a la decisión sobre gestión activa vs. indexada como ilustra la siguiente figura del artículo de Morgan Housel ‘The Psychology of Money’:

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Esta pirámide lo que viene a decir es que de poco sirve la selección de valores/activos específicos o las cuestiones fiscales si el inversor no sabe controlar su comportamiento. Por ejemplo, si ante la mínima corrección vende presa de la aversión a la pérdida, o si es incapaz de dejar correr las ganancias por miedo a que se vayan a esfumar al día siguiente. La paciencia de la que hablábamos ayer es uno de estos rasgos clave del comportamiento que el inversor debe tener. Pero esto no quiere decir que, como argumentamos en el anterior artículo, solo las cuestiones del comportamiento sean importantes.

Incluso en el caso de un inversor que opte solo por vehículos indexados, no será irrelevante dónde y cuándo invierte, es decir, en qué mercado (Europa, EEUU, Japón, Emergentes…) y el momento del ciclo (cuando las valoraciones están deprimidas o son elevadas…).

Quizá el mejor ejemplo para ilustrar la importancia de esto es Japón en las últimas décadas:

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Fuente: elaboración propia con datos de MSCI.

El mercado bursátil e inmobiliario japonés vivió una burbuja de enormes dimensiones en los años 80. Esto tuvo importantes implicaciones para los inversores globales, no solo para aquellos que invertían directamente en Japón. La razón es que el peso de Japón en el principal benchmark de la bolsa global (MSCI AC World) llegó a superar el 40% e incluso llegó a superar el peso de Estados Unidos. qVXaDRUFFFYZNSAt-mEm19QAaMDYDDWZpdkHNFqkDfx_QhIrnvKeiqtXsavUbi0MVg9Fl6WSmvYpG6IyUTtKfxJVnvB8bPAHKgyZWczsdwkXuQmzi_557MO7-S5_9704b3JbivoQ

Fuente: StarCapital

Este es un tema interesante. En este trabajo se apunta al hecho de que los gestores activos globales tuvieron un peso en Japón bastante inferior al benchmark (underweight Japón), y esto tuvo implicaciones a la hora de explicar su desempeño mejor/peor que el índice. Mientras la bolsa japonesa estaba disparada y el peso de Japón en el índice aumentaba, los gestores activos sufrieron un notable underperformance. Pero cuando la burbuja estalló se dio la vuelta a la tortilla y lo hicieron bastante mejor que el benchmark global.

Este es uno de los peligros de dejarse llevar ciegamente por un índice global sin más. Puede parecer que es la mejor forma para invertir sin complicarse, pero tiene sus inconvenientes. En momentos extremos como finales de los 80s, quien invirtiera en el índice de referencia global podía pensar que invertía de forma diversificada en un vehículo “global”, pero lo que estaba haciendo era apostar de forma desproporcionada por un país único, en un momento de burbuja. Es un poco lo que cuenta aquí Jorge Alarcón de que las estrategias más pasivas crean momentum y pueden llevar a invertir en activos sobrevalorados, aunque también pueden crear “anti-burbujas” y dejar activos muy infravalorados sin apenas peso, cuando estos son una gran oportunidad.

Así pues, el caso de Japón creo que ilustra bien que sobre todo en momentos puntuales (que es verdad que no es en la mayor parte del tiempo) es bastante importante dónde y cuándo inviertes. Si nos ceñimos a la bolsa estadounidense a través del S&P 500, esta cuestión no es tan importante, pero aun así vemos cómo quien invirtió en un pico del mercado, tuvo que pasar más de una década para recuperar lo invertido, en términos reales (incluyendo dividendos, ver la línea azul del siguiente gráfico):

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Fuente: @EconomPic, editado por mí.

Un inciso: el gran error que supone mirar a la bolsa a largo plazo SIN dividendos. Esto es algo que le echaron en cara a quien puso este gráfico de muy largo plazo sin dividendos para ilustrar la importancia del cuándo se invierte y los muchos años que pueden pasar sin recuperar la inversión.

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Fuente: @michaellebowitz

Pero aun incluyendo dividendos, si inviertes en la parte alta del ciclo bursátil puede pasar bastante tiempo y ser una experiencia algo traumática. Imagínese alguien que por primera vez en su vida invirtió en bolsa y lo hizo en 2007.

Todo lo cual es un argumento para defender el método del Dollar Cost Averaging y el “time in the market” vs. “timing the market”, es decir, invertir de forma periódica, ya sea con un plan automático de aportaciones o un plan menos sistemático y más discrecional, por el cual por ejemplo uno invierta / aporte (más) a acciones o fondos cuando los mercados están experimentando correcciones. Lo ideal creo que es una combinación de ambas: aunar las ventajas del plan automático (sobre todo que elimina sesgos) y del discrecional (permite aprovechar oportunidades puntuales o no invertir cuando hay signos claros de burbuja). Pero esto es muy personal, donde las circunstancias de cada uno importan.

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