Una estrategia exitosa para la inversión en acciones: céntrate en una buena “defensa”

2 de junio, 2018 Incluye: SPX 3

Nos encontramos en un entorno bursátil complicado. La mayoría coincide en que las altas rentabilidades de este ciclo alcista (al menos en EEUU) ya han quedado atrás, y que el escenario económico y financiero sugiere cierta prudencia. Las alertas de que estamos en la última fase del ciclo bursátil y económico alcista son numerosas, pero es prácticamente imposible saber cuándo comenzará el tan temido mercado bajista. De este modo, cuando cambien las condiciones de mercado, necesitaremos que nuestras carteras sean robustas, ofreciendo tanto protección ante las caídas como rentabilidad.  

En cualquier entorno competitivo, ya sea en el fútbol o en la renta variable, nuestro primer instinto es el de poner a los mejores “jugadores”. Pero incluso el equipo/gestor más consistente no puede ofrecer resultados extraordinarios si tropieza con compañeros de equipo/activos que sólo funcionan bien esporádicamente. Así, mientras más jugadores/activos mediocres tengamos en nuestra estrategia de inversión, más probable es que arrastren a la baja a las mejores posiciones.  

¿Por qué escoger una estrategia de inversión defensiva?  

Eric Crittenden, jefe de inversiones de Longboard Asset Management, se cuestiona si en nuestra estrategia inversora deberíamos poner el foco en el “ataque” o en la “defensa”: ¿colocamos a nuestros mejores jugadores en el ataque, o por el contrario priorizamos una defensa fuerte para evitar problemas?. Las condiciones actuales del mercado podrían pedir un cambio de mentalidad en lo relacionado con las estrategias de renta variable, hacia un enfoque diferente. Diferente tanto respecto a la indexación, que consiste en aceptar las rentabilidades del mercado por un bajo coste, como a la búsqueda de los activos más rentables, cuya probabilidad de éxito es muy reducida pese a requerir grandes esfuerzos. En su lugar, se busca eliminar las inversiones cuyos resultados son peores, mediante el uso de estrategias de seguimiento de tendencias.  

Una tendencia natural: la brecha de la competencia (the competition gap)  

En cualquier entorno competitivo, el rendimiento es una medida del éxito. Los atletas de éxito obtienen puntuaciones más elevadas, los buenos estudiantes obtienen buenas notas y los inversores habilidosos generan buenas rentabilidades. Se puede aprender mucho, incluido cómo mejorar decisiones futuras, analizando la distribución estadística del rendimiento.  

Tradicionalmente en estadística, se utiliza lo que se denomina “distribución normal” (ilustrada en el gráfico siguiente), en la que la mayoría obtiene un desempeño promedio, mientras que solo unos pocos tienen un desempeño muy por encima o por debajo de la media. De esta forma solemos pensar que lo más probable sea que estemos en el promedio, descartando comportamientos muy negativos.

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(Fuente: Longboard Asset Management. Todos los gráficos restantes son de la misma fuente) 

Pero no suele ser así como funcionan las cosas en la vida real. Cuando los individuos compiten, una pequeña minoría tiende a funcionar de forma mucho más eficiente que la mayoría. Y esa minoría llega a acumular una cantidad desproporcionada de las recompensas, creando una distribución de tipo “fat tail” (cola ancha), donde los resultados extremos, buenos o malos, tienen una ocurrencia mucho mayor de lo que sugiere la distribución normal. Esa diferencia entre los buenos y los malos es el “competition gap”, y es un fenómeno natural y muy frecuente en todos los entornos competitivos, como son los mercados financieros.

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Reducir los “underperformers”  

Dado que este tipo de distribución estadística de los resultados, con alta ocurrencia de datos extremos (fat tails), es persistente en los mercados financieros, es posible navegar a través de este “competition gap” utilizando un sistema seguidor de tendencias de largo plazo.  

Estos sistemas seguidores de tendencia logran rentabilidad adoptando una posición defensiva: eliminando los “underperformers” (aquellos activos que generan una rentabilidad inferior al promedio, es decir, los que se sitúan en la cola “perdedora” de la distribución). Si una pequeña minoría de inversiones se comporta de manera más eficiente que la mayoría, ¿qué uso del tiempo y dinero es más efectivo a largo plazo? ¿Perseguir a la minoría cambiante de “outperformers” o eliminar de forma proactiva y constante a los “underperformers”?  

A largo plazo, según señala este estudio, es más eficiente evitar estratégicamente a los “underperformers”. Los seguidores de tendencia mueven sus carteras cada cierto tiempo, recortando inversiones poco rentables en lugar de perseguir a aquellos activos de extraordinaria rentabilidad (outperformers). Con el tiempo, este proceso creará una cartera concentrada con buenos resultados sin necesidades de pronosticarlos con antelación.  

Abordar las tendencias bajistas con una defensa efectiva  

Con este posicionamiento defensivo, afirma Crittenden, los seguidores de tendencias de largo plazo suelen ser capaces de evitar buena parte de los mercados bajistas. Tener una visión de largo plazo del mercado permite a este tipo de inversores detectar las señales iniciales de una tendencia bajista y eliminar esas posiciones antes de que causen un daño significativo a su cartera.  

Tengamos en cuenta que las tendencias bajistas profundas y sostenidas son particularmente dañinas porque pueden mantener “atrapado” el capital de los inversores por un largo tiempo. Y cuanto más tiempo esté inmovilizado su capital, más tiempo y rentabilidad necesitará su cartera para recuperarse. Por eso tantos inversores se preocupan por tratar de detectar con anticipación cuándo empezará un mercado bajista, y estar fuera de mercado.  

Los seguidores de tendencia suelen rebalancear su cartera de activos para equilibrar su exposición conforme la rentabilidad cambia con el tiempo, lo cual les permite gestionar el riesgo bajista de forma más clara y predecible. El uso de seguimiento de tendencias en una cartera de acciones podría lograrse infraponderando y eliminando aquellos activos “underperformers” y sobreponderando a los “outperformers”, la minoría del grupo.  

Juego defensivo: seguimiento de tendencias en acciones  

Una investigación llevada a cabo por Longboard Asset Management demuestra que a largo plazo, una pequeña minoría de acciones excepcionales es la que es responsable de la rentabilidad positiva del mercado en su conjunto. En dicho estudio, se analizaron 14455 acciones entre 1989 y 2015, identificando las acciones con mejor rentabilidad tanto en rentabilidad anualizada como en rentabilidad total. La investigación llevada a cabo reveló que 2844 acciones (19,7% del total) superaron en rentabilidad al S&P 500 en un 300% durante su vida. Asimismo, 3683 acciones (25,4% del total) quedaron al menos un 75% por detrás del índice y las 7928 acciones restantes se quedaron en un lugar intermedio, aspecto que se puede ver reflejado en el gráfico inferior.

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Así, el principio del “competition gap” señalado anteriormente sigue siendo cierto en la práctica, dándose una distribución de “fat tails” que está muy lejos de la “normal”. En otras palabras, los resultados extremos no son raros, sino muy frecuentes.  

Evitar las acciones “underperformers” es tan importante como comprar las “outperformers”  

Es más, la cola izquierda de la distribución (underperformers) es muy significativa: 3431 acciones (23,7% del total) tuvieron un rendimiento inferior en un 200% o más respecto al S&P 500 durante el periodo.  

Así, si la cartera de un inversor se perdió el 20% de las acciones más rentables entre 1989 y 2015 y en cambio invirtió sólo en el 80% restante, su ganancia total hubiera sido del 0%.

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(Fuente: Longboard Asset Management)  

Una vez más, el principio del “gap de competencia” es cierto: a largo plazo, el enfoque más eficiente es evitar estratégicamente los activos de baja rentabilidad.  

Conclusión  

Así, la investigación de Longboard Asset Management muestra que para ganar a largo plazo con una estrategia de inversión en acciones, es más eficiente evitar de forma estratégica la enorme cantidad de acciones que lo hacen peor que la media, en lugar de perseguir a las acciones de extraordinaria rentabilidad. Mediante herramientas de seguimiento de tendencias, esta estrategia puede además reducir la volatilidad de la cartera y evitar parte de los mercados bajistas más virulentos.

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