Seguir los rumores es uno de los mayores vicios en el mundo de la inversión - ¿Alphabet comprará Twitter?

10 de octubre, 2016 3
Inversión en compañías cotizadas. Interesado en la historia del pensamiento económico y los ciclos económicos.
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El fenómeno de los rumores y los soplones no es exclusivo de los mercados ni nacen en este ámbito. Estas cuestiones también aparecen en política, el periodismo deportivo o en la comidilla de cualquier pueblo. Por lo tanto, no hablamos de algo que se deba a la realidad mercantil o el ciclo económico, sino que es propio de los seres humanos que generan y fomentan este fenómeno en ciertas situaciones, con o sin intención.

Uno de los mayores errores de los inversores es caer en las trampas de la rumorología. Esas informaciones anónimas que se extienden con rapidez en numerosos círculos atraen la atención de muchos inversores, sacando su lado más oportunista. La estructura de estos rumores que triunfan siempre comparten ciertas características, en caso contrario no atraería la atención de la mente humana y no serían difundidos de forma viral. En general, son ideas muy simples y con una dirección muy clara. La conclusión de estos rumores suele ser inequívoca a la hora de operar: “la empresa A tiene un gran interés en adquirir la empresa B”. También los hay de tipo pesimista: “dicen que el banco C tiene grandes problemas y que se avecina otra tormenta financiera”. En ambos casos es sencillo intuir cuál deber ser el curso de acción, en el primer caso hay que comprar la empresa B, en el segundo hay que venderlo todo. Curiosamente, nunca son informaciones complejas que muchos inversores no entenderían a primera vista, como por ejemplo: “la compañía A mantiene una gran posición en el nicho de mercado E que le está permitiendo aguantar los problemas transitorios del resto del negocio”.

El porcentaje de errores puede ser elevadísimo en comparación con otras estrategias de inversión. Antes de dar algunas pistas de por qué es así, veamos uno de los libros que más habla de este tema, de André Kostolany:

Casualmente, mi curiosidad pudo ser satisfecha. Una tarde, uno de los botones del hotel llamó a mi puerta y me entregó un telegrama, que abrí lleno de impaciencia. El texto confirmaba un gigantesco encargo de compra de acciones de la Royal Dutch en todos los mercados del mundo (por un total de varios millones de florines).

Yo no comprendía exactamente de qué se trataba. Volví a observar el telegrama y me di cuenta de que no estaba dirigido a mí, sino al doctor Mannheimer. ¡Un error de este tipo puede darse en los mejores hoteles, incluso en Palace de St. Moritz! Mi habitación estaba en el lado de la sombra, enfrente mismo de la soleada suite ocupada por el doctor Mannheimer. Hoy, muchos lustros después, aún siento la sacudida emocional que me conmovió en aquel entonces. De repente, me hallaba en posesión de un secreto de los dioses, de los elegidos. Unos días antes había descubierto a sir Henry enfrascado en una animada conversación con el doctor Mannheimer. Y pensé que sin duda estaban cociendo algo de importancia excepcional en relación con la Royal Dutch. La cosa quedaba clara, sin posibilidad de error. Llamé al botones y le devolví el telegrama, cerrado de nuevo, al tiempo que trataba de imponer orden en mis pensamientos. En aquel entonces yo me dedicaba a especular a la baja y con un éxito relativo, pero que me había permitido ser huésped del Palace. Por motivos económicos y políticos, yo me sentía pesimista frente a las confidencias que indicaban tendencias al alza, las cuales no me seducían demasiado, puesto que nos encontrábamos todavía en el gran periodo de baja de cotizaciones de aquella época. Pero una información como aquella que había llegado a mí por una diabólica casualidad... ¡Eso es algo que solamente ocurre una vez en la vida! ¡Había que aprovecharla! Y lo hice así. Compré Royal Dutch y en ese momento su cotización empezó a bajar, hasta quedar reducida a un tercio del precio pagado por mí. Perdi toda mi inversión por hacer caso del telegrama.

El Fabuloso Mundo de la Bolsa y el Dinero

En este caso es una confidencia privada por error, pero en otras ocasiones son simplemente rumores extendidos en los medios de comunicación. Un ejemplo es la información anónima del pasado 23 de septiembre de que Google y Salesforce están interesados en comprar Twitter. El orden de los acontecimientos fue el siguiente. De repente, la cadena CNBC publicó la siguiente noticia:

Sept 23 (Reuters) - Twitter Inc is moving closer to a sale and has received expressions of interest, CNBC reported on Friday, sending the microblogger's shares up more than 19 percent in their biggest gain in over two years.

CNBC, citing unnamed sources, said possible suitors include Alphabet's Google and Salesforce.com. No sale is imminent.

23 de septiembre (Reuters): Twitter se acerca cada vez más a una venta y ha recibido muestras de interés, CNBC informó el viernes, haciendo subir las acciones de la red social más de un 19% en su mayor subida en los últimos dos años.

CNBC, citando fuentes desconocidas, dijo que los posibles compradores incluyen a Alphabet/Google y Salesforce.com. La venta no es inminente.

Lo verdaderamente importante de esta noticia es la fuente, que como no podía ser de otro modo es anónima. A pesar de ello, muchos inversores se sintieron atraídos por esta información y empezaron a darle un valor que no tiene. La sencillez de la idea y sus consecuencias directas son las que estimulan el lado más oportunista de las personas. A partir de aquí comienza una espiral de informaciones y rumores adicionales que corren como la pólvora, como por ejemplo los posibles precios a los que se podría producir la operación. El resultado fue una subida inicial de las acciones prácticamente instantánea de las acciones de Twitter del 20%, con varias subidas adicionales en los días posteriores. Tras nueve sesiones de mercado se produjo el viernes pasado una caída brusca, volviendo prácticamente al precio anterior al rumor. Si alguien ha comprado tras publicarse el soplo, está perdiendo un 20% aproximadamente, es un tipo de operativa realmente frágil. Solo pudo ganar vendiendo en una ventana de unos pocos días.

Hay algo realmente interesante en todo esto, y es que la idea de que Alphabet acabe comprando Twitter no es descabellada y podría tener sentido. El problema es que la noticia induce a las prisas, a la idea de comprar antes de que anuncie oficialmente la compra, mientras que Alphabet podría esperar todo el tiempo del mundo para realizar una oferta convincente. Es decir, es posible que la acabe comprando dos años después a un precio un 60% más barata en medio de un mercado bajista. Tanto los lectores como yo no podemos saber la circunstancias específicas de algo así, el hecho de saberlo podría influir en la decisión de Alphabet. El comprador busca pagar un precio no demasiado alto y tener éxito en su operación, las subidas tras la publicación de la información de la CNBC bien pueden disuadir a los compradores, que pueden esperar a otro momento. La incertidumbre en este caso es inerradicable. Hay un gran consenso sobre la idea de que Twitter sería un activo interesante para una compañía como Alphabet y que ésta última tiene un gran exceso de caja, sin embargo, es imposible saber si finalmente se llevará a cabo o bajo qué condiciones y en qué momento. Probablemente no lo sepan ni las direcciones de ambas compañías, que pueden aceptar la operación bajo ciertas condiciones o rechazarla en otras.

Este juego es perdedor para el inversor de a pie. No es que las informaciones sean interesadas y falsas, que en la mayoría de casos lo son, sino que es difícil sacarle partido a datos de este tipo. Los detalles y datos exclusivos de los eventos dependen del tiempo y el desarrollo de los acontencimientos, el hecho de que se publique en la prensa y las acciones se disparen puede afectar a la compra en sí. Es un terreno realmente peligroso, en el cual el inversor se engaña a sí mismo sobre la importancia de una información anónima pero simple y directa, cuya fiabilidad no está contrastada de ningún modo, y en muchas ocasiones ni siquiera puede estarlo. Kostolany lo resume en que estar bien informado es estar arruinado y que los empresarios e insiders no suelen ser buenos especuladores. Incluso los consejos de buena fe pueden ser ruinosos, ya que los propios empresarios no saben a veces como interpretará el mercado algunas noticias.

La mayoría de rumores no son confidencias privadas, sino ideas que triunfan en los medios y que llaman la atención de muchos. Los viejos rumores se han transformado en ocasiones en gráficos virales compartidos por Twitter. Son cientos de gráficos con fuentes poco transparentes que muestran tendencias alarmantes a través de indicadores, los cuales algunos acaban haciéndose virales. Curiosamente, en la mayoría de ellos no podemos comprobar rápidamente el contexto de los datos, de dónde salen y cómo se están presentando. Cuando sí es posible se puede comprobar como en la mayoría de casos se hacen trampas descontextualizando por completo el indicador. Este es el motivo por el cual suelen triunfar indicadores privados de agencias, en los cuales hay que pagar para acceder a los datos y la transparencia puede ser menor.

La regla para el inversor debe ser muy sencilla: si no se puede acceder o replicar la serie de datos, no vale. Los datos de empleo, paro, ventas minoristas, etc pueden visitarse en las fuentes oficiales y comprobar uno mismo el contexto de la serie, utilizar la medida adecuada y consultar siempre que lo desee cómo se construye el indicador. Podemos decir lo mismo para las confidencias del mercado, la primera pregunta que debe hacerse el inversor es “¿de dónde sale la información?”. Si la respuesta es anónima, y aquí incluimos algo así como “fuentes internas” o “alguien de dentro”, no debería tener ninguna validez. Si quiere resultados satisfactorios de forma consistente, su filosofía de inversión debe sustentarse en algo más sólido que un puñado de soplos.

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Este artículo tiene 3 comentarios
Los rumores y noticias interesadas son algo consustancial a este mundo financiero. Lo que también es verdad, es que nos ofrece otro punto de apoyo para que las valoraciones no sean a veces las adecuadas a la realidad, y podamos aprovehar esas oportunidades.
10/10/2016 13:16
yo, hace décadas que huyo de chivatazos y rumores. Solo los novatos les hacen caso y zas!. Es como los precios objetivo de famosísimas casas de bolsa. Hace 25 años me parecían útiles los informes de dichas casas y lo son para tener un foto detallada de la empresa pero jamás para tomar una decisión de compra basándonos en su recomendación. Es más, si dicen fuerte compra suele ser señal de lo contrario o al menos de no moverse.
10/10/2016 16:10
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