9 puntos a tener en cuenta al elegir un fondo de inversión

3 de febrero 6
Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos especializado en Transporte y Movilidad. Estudiante del Máster en Economía en OMMA y del MicroMaster... [+ info]
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60º en inB
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En mi artículo de la semana pasada exponía por qué creo que comprar a buen precio buenas empresas es la mejor forma de hacer creer nuestros ahorros a largo plazo. Si alguien cree que el mercado es siempre eficiente, probablemente debería gestionar su patrimonio de forma pasiva mediante una cartera de fondos índice, representativos del conjunto global de empresas cotizadas. Si en cambio, como yo, está convencido de que el mercado es en muchos casos ineficiente a corto plazo –i. e. a menudo se presentan desajustes entre la cotización de las empresas y el valor que crearán para el accionista a largo plazo–, podría intentar localizar y aprovechar estas oportunidades para obtener un rendimiento superior al de la media del mercado.

La forma más directa de aprovecharlas es dedicarse personalmente al análisis de empresas cotizadas, con el fin de comprar acciones de aquellas en las que encontremos mayores divergencias –a favor del comprador, claro– entre el precio al que cotizan y el valor que creemos que generarán a largo plazo. No obstante, la mayor parte de los ahorradores no disponemos de las habilidades, los conocimientos, el tiempo y/o simplemente las ganas necesarios para llevar a cabo un proceso continuo tan exigente. Por ello, muchos decidimos optar por buscar buenos gestores que lo hagan por nosotros a través, por ejemplo, de fondos de inversión

ahorro

A continuación resumo una serie de puntos que creo son deseables a la hora de elegir un fondo de inversión –y en general cualquier instrumento de gestión activa–. Algunos de ellos pueden ser evidentes, pero no está de más recogerlos en un «checklist» para tenerlos presentes cuando sea necesario. Antes de empezar a analizar cualquier fondo, sin embargo, es fundamental identificar quiénes toman las decisiones de inversión en el mismo. Hago este apunte porque no siempre reciben el mismo nombre y no siempre aparecen en la ficha del fondo. Así, por ejemplo, en algunos casos se les denomina gestores, en otros, asesores. En aquellos que cuenten con más de una de estas u otras figuras, habría que intentar averiguar cuál es la realmente relevante. Aun siendo consciente de lo anterior, en adelante me referiré a estas personas como «gestores» para no hacer más tediosa la explicación. Realizada esta observación, vayamos con la lista:

  1. Buen «track record» del equipo gestor. Aunque sea algo obvio y rentabilidades pasadas no garanticen rentabilidades futuras, los resultados en periodos relativamente largos pueden ser un primer filtro a la hora de seleccionar un fondo. Es importante remarcar que me refiero a los rendimientos que han obtenido quienes toman las decisiones actualmente –ya sea en ese mismo fondo o en otros con estrategias similares–. Esto hay que tenerlo en cuenta especialmente en fondos de reciente creación, o que hayan cambiado recientemente de gestores. Si nos encontramos con estos casos, deberíamos indagar un poco más en la vida laboral de los actuales. Para poder comparar resultados en periodos distintos puede ser útil utilizar las rentabilidades relativas respecto a un cierto «benchmark» –un índice o compuesto de índices–. Aunque cada fondo propone su propio «benchmark», creo que es más interesante que elijamos nosotros el nuestro. Este debería reflejar el comportamiento de las alternativas de inversión que estemos considerando realmente y, tal y como señala Ángel Martín Oro en un artículo reciente, incluir la reinversión de dividendos en el mismo.
  2. Filosofía de inversión con la que nos sintamos cómodos. Con esto no me refiero a la etiqueta que se ponen o les ponen otros, sino a la estrategia que realmente siguen a la hora de gestionar. Para ello puede ser útil destinar algún tiempo a leer las cartas periódicas a los partícipes, así como a visualizar o escuchar conferencias anuales, entrevistas y otros materiales que se encuentren disponibles, sobre todo si en ellos comentan casos de inversión –tanto éxitos como, especialmente, fracasos–. Vivimos en una época en la que es muy fácil acceder a la información y podemos aprovecharlo. Algunas gestoras tienen incluso un canal de youtube en el que van colgando contenido de este tipo.
  3. Esfuerzo de los gestores para «educar» a los partícipes. En línea con lo anterior, este esfuerzo por parte del equipo se traducirá, eventualmente, en mejores resultados. Cuanto más en profundidad conozca el partícipe la estrategia de los gestores, más confianza tenderá a tener en ellos. Este puede ser un aspecto crítico en momentos de fuertes caídas en las bolsas. En esos periodos de pánico aparecen las mejores oportunidades, ya que el mercado tiende a arrastrar todas las cotizaciones sin discriminar mucho. Una mayor confianza de los partícipes disminuye el volumen de reembolsos en esos momentos y permite a los gestores disponer de mayor liquidez para aprovechar dichas oportunidades.
  4. Alineación de incentivos mediante una gran participación de los gestores en sus propios fondos. Que los gestores tengan la mayor parte de su patrimonio invertido en los fondos que dirigen, es una buena forma de que sus incentivos estén alineados con los del partícipe. Si es así, la mejor forma que tendrán de crear valor para sí mismos será crearlo también para sus copartícipes. Esto tenderá a evitar –o al menos disminuir– movimientos extraños guiados por complejos sistemas retributivos y, al mismo tiempo, incentivará que se lleve a cabo lo expuesto en el punto 3.
  5. Gestora independiente propiedad de los gestores. Que la gestora sea propiedad de los gestores se traduce en varios aspectos positivos. Por un lado, será más difícil que los fondos cambien de gestor, lo que dará una mayor continuidad a su estrategia. Por otro, tendrán mayor libertad a la hora de tomar decisiones. Si este criterio se combina con el anterior, podrán decidir, por ejemplo, cerrar los fondos a la entrada de nuevos partícipes al llegar a cierto volumen bajo gestión. Volúmenes excesivos pueden hacer inviable la inversión en empresas de pequeño y mediano tamaño, lo que podría dificultar la creación de valor para los partícipes y, por lo tanto, para los gestores si éstos son copartícipes. Si no se dan al mismo tiempo los puntos 4 y 5, es difícil que una gestora tome esta decisión, ya que sus rentas dependen del volumen bajo gestión y no del resultado de los fondos –al menos no directamente–. 
  6. Haber superado satisfactoriamente algún periodo de grandes caídas en el mercado. En el punto 1 señalaba que el «track record» de los gestores puede ser un buen primer filtro. Creo que es especialmente interesante ver qué hicieron en las últimas grandes caídas –y para ello tienen que haber gestionado el suficiente tiempo como para haber vivido alguna–. Es fundamental que sólo invirtamos en un fondo si estamos seguros de que seríamos capaces de aguantar –sin ponernos excesivamente nerviosos ni solicitar reembolsos– caídas por lo menos iguales a las que sufrieron en esos periodos. Pero no sólo es bueno saber si cayeron más o menos que el benchmark o cuánto tardaron en recuperarse, sino también a conocer cómo actuaron en esos momentos. También puede ser muy significativo conocer qué hicieron los partícipes del fondo analizando, en la medida de lo posible, los flujos netos de suscripciones y reembolsos que se produjeron. Así, podremos hacernos una idea de si los esfuerzos para «educar» a los partícipes tuvieron o no resultados positivos. Un fondo que no tenga salidas netas significativas en las caídas –o que tenga incluso entradas netas– podrá aprovechar mucho mejor las oportunidades que surjan en esos momentos.
  7. No comercialización por parte de bancos. Tal y como señala Ángel Martín Oro en este artículo, los productos comercializados en las sucursales bancarias no suelen ser los mejores para el inversor. Esto se debe a muchas razones, entre las que destacan el desconocimiento de los productos por parte de quien los vende –que no es un asesor financiero o gestor sino un comercial– o los incentivos a la hora de recomendar uno u otro fondo –que no suelen estar alineados con los del cliente–. A raíz de lo anterior, una mayor colocación de un fondo por parte de bancos podría ir ligada a un menor conocimiento de los partícipes de la estrategia del mismo, que no siempre se puede contrarrestar con lo resumido en el punto 3.
  8. Inversión en pequeñas compañías. El universo de empresas de menor capitalización –«micro caps» y «small caps»– normalmente presenta buenas oportunidades de inversión debido a que, por su pequeño tamaño, son poco o nada seguidas por analistas y brokers. Al tener un tamaño tan pequeño, la mayoría de los grandes fondos de inversión no pueden ni plantearse invertir en ellas, ya que tendrían que adquirir una parte muy importante de la compañía si quisieran colocar en ellas un porcentaje mínimamente significativo del volumen total del fondo –y además tardarían mucho tiempo en hacerlo si no quieren mover demasiado el precio durante la compra–. Un fondo que, por su tamaño y estrategia, tenga en cuenta empresas también de este tamaño tendrá más posibilidades entre las que elegir.
  9. Posibilidad de inversión global. En la línea de lo expuesto en el punto anterior, un fondo que pueda invertir en empresas de todo el mundo tendrá un océano más grande en el que poder pescar. Con esto no quiero decir que la cartera tenga que estar siempre perfectamente diversificada geográficamente. Tener toda la cartera expuesta al mercado de un sólo país pequeño supone un gran riesgo, está claro. Pero ampliar excesivamente la diversificación geográfica podría también llevar al gestor a asumir otros riesgos si para ello se ve forzado a salir de su círculo de competencia. Lo que sí puede ser muy positivo es que el fondo tenga las manos desatadas para poder invertir en aquellas compañías en las que encuentre más valor para el partícipe, estén donde estén.

Resumidos los 9 puntos anteriores, tengo que aclarar, por un lado, que no es ni pretende ser una lista exhaustiva. Es más, estoy seguro de que se me escapan algunos aspectos importantes y estaré encantado de que expongáis vuestros criterios en los comentarios de este artículo. Por otro lado, ni todos los puntos son imprescindibles ni todos tienen la misma importancia. Como podréis comprobar en futuros artículos, ninguno de fondos que forman parte de mi cartera los cumple todos al 100%. Pero sí es verdad que tiendo a asignar un peso mayor a aquellos que los cumplen en mayor grado.

En las próximas semanas, iré presentando mi cartera modelo de fondos de inversión. Lo haré escribiendo un artículo sobre cada uno de los equipos gestores cuyos fondos forman parte de la misma. En estos artículos, además de analizar los fondos teniendo en cuenta los criterios anteriores, añadiré enlaces que crea que pueden ser útiles para que el lector pueda formarse su propia opinión y tomar sus propias decisiones.

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Puedes consultar todos mis artículos en este enlace.

Disclaimer: Este artículo es de carácter meramente divulgativo y no pretende ser una recomendación de compra o venta de producto alguno. 

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Este artículo tiene 6 comentarios
En respuesta a Marc Farré
Un detalle fundamental, que pasa desapercibido, y al que casi nadie le da importancia es que el asesor o equipo de asesores del fondo inviertan su propio patrimonio en el fondo.
Esa cantidad debería de hacerse pública y como mínimo igualar el dinero que fijo que ganan al año gestionando el fondo.
Si por gestionar el fondo se llevan un fijo de 50000 30000 o lo que sea, esa cantidad fija debería ser lo mínimo que estén invirtiendo en el mismo vehículo de inversión que asesoran.
Esto no le preocupa lo más mínimo ni a la CNMV, si les preocupara el 90% de los fondos de inversión tendrían que cerrar.
04/02/2018 15:41
En respuesta a el Pavito
Gracias por el aporte. Totalmente de acuerdo en que tendría que articularse algún mecanismo en ese sentido.

No estoy seguro de cuál exactamente, ya que hacer pública cierta información es un poco delicado. Quizás el porcentaje del patrimonio total de los gestores que está invertido en el fondo. O más fácil, participación/(remuneración total ejercicio anterior). Algo de este estilo.

Tampoco sé si debería ser obligatoria esta información. A lo mejor si algunos fondos empezasen a publicarla y los clientes respondieran positivamente a ello, el resto de fondos se verían incentivados a hacerlo también.

De momento nos tendremos que conformar con lo que dicen cuando se les pregunta al respecto –sea cierto o no–.

Un saludo.
04/02/2018 16:25
En respuesta a Marc Farré
otra cosa interesante, ya que estamos, en teoría, en otros tiempo, sería la posibilidad de conocer al asesor o asesores del fondo en persona.
Verlos públicamente cara a cara, al menos una vez al año, para hablar del fondo con sus partícipes, tanto cuando las cosas van bien como cuando se pasa por una mala racha.
Yo creo que existe una enorme demanda oculta que apreciarían enormemente este detalle+el tema de invertir el propio dinero y decirles a sus partícipes a cuanto asciende dicha cantidad.
Algunos asesores tienen cierta cercanía con sus partícipes, son muy pocos todavía, pero aunque algunos mencionan de pasada que ponen dinero en el fondo, como no están obligados a decir nada al respecto, tanto pueden ser 1000 euros, como 5000, como te pueden estar mintiendo.
Poner en el fondo asesorado mínimo la cantidad que ganan fijo cada año, no garantiza beneficios, pero si que garantiza que al asesor las malas rachas le van a doler tanto como al partícipe, esto si que es una alineación de intereses.
05/02/2018 15:27
En respuesta a el Pavito
En esa línea van los puntos 3 y 4. Pero es verdad que cuanta más cercanía, en principio, mejor. También tienes razón en que, aunque algunos dicen que tienen todo su patrimonio en el fondo, podrían (aunque no tengo razones concretas para creerlo) estar mintiendo.
05/02/2018 16:04
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