Una pregunta interesante a responder es cómo es posible que la bolsa se comporte de una manera medianamente previsible con respecto al ciclo económico y que estas oportunidades de inversión persistan en el tiempo. Al fin y al cabo las bolsas son relativamente eficientes y cuando aparece una ventaja aprovechable que es conocida por los operadores, esa ventaja se esfuma rápidamente. Imaginemos que existe un patrón persistente en el que la cotización del índice Ibex 35 sube todos los martes un 2%. Lo que ocurriría es que a medida que los operadores reconociesen este fenómeno, apostarían en el cierre del lunes a que la bolsa sube el martes. Cuando un número suficiente de operadores apuesta durante el cierre del lunes por este patrón, no pasará mucho tiempo antes de que el patrón deje de existir. Igual que si un billete de 50 € cae en la calle, no pasará mucho tiempo antes de que alguien lo encuentre y se lo guarde en el bolsillo.
Sin embargo, si las oportunidades y los patrones de corto plazo están llamados a desaparecer una vez que son reconocidas por un número suficiente de operadores, no se puede decir que ocurrirá lo mismo con los patrones de medio y largo plazo. Cuando la economía deja atrás una recesión y se comienza a crear empleo, el mercado no sube de forma vertical de manera inmediata, sino que sube mediante múltiples oscilaciones a lo largo de un prolongado periodo de tiempo. ¿Cómo es posible que a pesar de que casi siempre ha subido la bolsa después de una recesión los operadores que apuestan por el lado alcista puedan conseguir beneficiarse de nuevo?
La respuesta se encuentra en que la gran mayoría de operadores tiene puesto su foco de atención en la detección de oportunidades de corto y corto-medio plazo -desde minutos hasta pocos meses- y en general, incluso si mantienen un enfoque de medio y largo plazo, son víctimas de innumerables sesgos psicológicos. Los inversores olvidan que en un sistema capitalista, tras cada recesión siempre llega la recuperación. Olvidan porque el miedo, la volatilidad de los mercados y la psicología de masas los arrastran a olvidar. Los inversores olvidan que tras cada burbuja llegará un tiempo en el que habrá que purgar los excesos. Olvidan porque la euforia, la avaricia y la psicología de masas los arrastran a olvidar. El público -profesionales y amateurs- olvida la historia, los hechos, las causas, los resultados y los sentimientos. Tendemos a pensar que la última recesión fue la peor o que la última tecnología es la mejor y que un nuevo paradigma económico se encuentra a la vuelta de la esquina. La historia se repite y los mercados funcionan exactamente igual que hace miles de años en Babilonia porque la gente olvida.
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