Política, SMI y estructura económica

14 de julio 0
Inversor particular. Autor del libro: "El Camino hacia el Sol: Economía, Energía, Medio Ambiente y Sociedad"
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Me ha llamado la atención un artículo de The Conversation titulado: “El salario mínimo interprofesional debe ser una herramienta contra la desigualdad” , lo que pudiendo ser cierto o no,  e independientemente de los efectos sociales, presenta importantes efectos económicos que parece pasan desapercibidos.

La autora se presenta como miembro de la Comisión Asesora del Ministerio de Trabajo, lo que induce a pensar ya en un importante sesgo ideológico de partida que parece confirmarse en el texto.

Se argumenta que el aumento de la cuantía del SMI busca reducir esta desigualdad salarial y aproximar el salario más bajo a la cuantía media. Indudablemente el tema tiene trampa por dos motivos:

-La elevación del SMI eleva el salario medio, lo que puede generar un fenómeno de retroalimentación del propio SMI y generar la excusa perfecta para seguir elevándolo.

-El SMI reduce la desigualdad salarial, pero puede incrementar la de la población general como consecuencia del incremento del desempleo, siendo este último uno de los factores más importantes de desigualdad.

Se esgrime como argumento para justificar la subida del SMI que esta es pequeña y puede afectar poco al empleo. Quizá no si se suman las ya efectuadas en años anteriores.

En principio, la propuesta de dicha comisión implica un arco de subida inicial entre el 6,4 y 10,4% hasta 2023, lo que quizá pueda parecer razonable, si no fuera por las subidas ya realizadas años anteriores, y porque también condiciona el incremento futuro del SMI a factores como la evolución de la productividad, inflación y salarios, pudiendo dar lugar a subidas muy superiores a las indicadas con efectos económicos.

El artículo correctamente indica que se debe evaluar el efecto del SMI sobre renta, desigualdad, pobreza y exclusión social. Pero yerra al identificarlo con “papel corrector”, ya que puede ocasionar el efecto opuesto.

El incremento del SMI puede dar lugar a una reducción de la intensidad laboral (trabajadores que trabajan menos del 20% de su potencial) a través de una reducción de la jornada laboral; dando ficticiamente lugar a un incremento del índice AROPE  de riesgo de pobreza y/o exclusión social.

Evidentemente, el incremento del SMI implica un incremento de costes laborales, salariales y de cotizaciones sociales. Y en una economía que compite en precio y genera poco valor añadido puede contribuir a reducir el empleo, ya que debemos partir de la base de que un empleado debe generar más riqueza que su coste.

Se podría argumentar que si una empresa no puede satisfacer dichos incrementos es mejor que desaparezca por no competitiva. Sin embargo, cabría matizar que si esos costes son políticos y artificiales, quizá se pierda la perspectiva de dicha afirmación.

En mayor medida si se tiene en cuenta que el tejido empresarial español se caracteriza por una elevada proporción de pequeña empresa; afectando esta subida en mayor medida a este tipo de empresas. Cuando habría que sumar los incrementos recientes en el precio de la electricidad .

El INE constata  que el salario aumenta con el tamaño empresarial,  y en este país las dificultades para el crecimiento empresarial son múltiples, siendo este, conjuntamente con el capital humano y la regulación laboral, elementos condicionantes del nivel salarial. Sin embargo, mientras se incide, quizá ideológicamente y partidistamente, en el nivel salarial, las actuaciones por solucionar los problemas en los campos citados brillan por su ausencia.

Quizá la solución final provenga de una mayor automatización empresarial. Es decir, la sustitución de factor trabajo por capital, lo que podría contribuir adicionalmente a incrementar el desempleo y una mayor contribución del capital al PIB. Hecho que permitiría crear otra herramienta de manipulación para justificar los ataques al capital y atribuirle una excesiva remuneración, obviando, quizá intencionadamente, quizá por ignorancia, que ese es el resultado de las políticas de empleo socialistas.  

Por tanto, no debemos olvidar que las decisiones políticas contribuyen a dar forma al entorno económico y la estructura económica del país. Y en este caso, contribuyen a generar la tormenta perfecta cuyo objetivo parece ser la destrucción de un tejido empresarial ya mermado tras la pandemia.

Y eso precisamente, aunque sea necesario un cambio de modelo productivo, no parece ahora lo más sensato.

 

 

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