(Peras y manzanas).
Les contaba el otro día que los lustros de gestión económica de Felipe González al frente del Gobierno de España recibieron en la parte final de su etapa una calificación inapelable: una tras otra, tras otra, tres devaluaciones de la peseta en cinco meses. Los españoles decidimos entonces enviar a Felipe González y al Psoe a la puta calle y contratamos para el puesto a José Mª Aznar. La decisión fue un éxito. La cosa no iba pero que nada mal, pero tras ocho años y a poco de las siguientes elecciones generales los españoles sufrimos un desgraciado accidente nacional que cortó en seco la posibilidad de continuar otros cuatro años más en la senda de crecimiento económico, creación masiva de empleo y saneamiento de las cuentas públicas de la que disfrutábamos desde que Aznar alcanzó la presidencia.
Como consecuencia del citado accidente los españoles nos vimos gobernados de golpe y porrazo de nuevo por el Partido Socialista Obrero Español. Sería lógico pensar que la anterior primera etapa de más de quince años de los socialistas al frente del gobierno y el suspenso inapelable que las tres devaluaciones de la peseta en cinco meses supusieron a su política económica, unido a algún posible sentimiento de culpa por el sufrimiento que infligieron a los españoles en forma de paro y pobreza como consecuencia de la devaluación del país, hubieran podido producir algún tipo de conocimiento-experiencia racional. Y sería lógico pensar asímismo que estarían ansiosos por ponerlo en práctica en esta segunda e histórica oportunidad que la diosa fortuna les había brindado.
Podrían dedicarse en esta ocasión, con la amplia experiencia de gobierno previa, las arcas del Estado otra vez a rebosar y una economía marchando a toda máquina, por ejemplo a modernizar el país, a cambiar el sistema productivo, a mejorar el sistema educativo, a invertir en tecnología pensando en valor añadido, a ganar en productividad "de la buena" con el fin de elevar la categoría de nuestros productos y mejorar nuestra posición competitiva en el mundo... Todo lo cual reforzaría la Seguridad Social y daría solidez a nuestro sistema de pensiones. Dejar de robar a manos llenas, podría además proporcionarles el tiempo necesario para pensar también en España, en los españoles y en nuestro futuro. Por ejemplo. Un suponer.
Desgraciadamente no fue así. Solo ocho años necesitaron esta vez los socialistas españoles para liquidar la riqueza nacional y conseguir de nuevo devaluar, empobreciendo esta segunda vez los españoles como nadie lo había hecho antes en nuestra Historia moderna. ¡¡¡¡¡¡¡ Una cuarta devaluación, esta vez salvaje, sobre las tres anteriores !!!!!! Hablando de productividad: la cantidad de paro, pobreza y miseria por lo menos triplicada en la mitad de tiempo.
Al parecer y hasta el momento en que escribo, nadie en el mundo conoce en la actualidad del nacimiento de un español socialista con el cerebro vivo en los últimos cien años: Felipe González, José Luis Rodriguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Pedro Sánchez son los más dotados de la microespecie. Imagínense el segundo nivel, si tienen, pero que muchos cojones, métanse con el tercero, con los de Podemos, los de IU, los mareados, etc., etc., etc.
Al parecer, decía, y tras haber dirigido el Gobierno de España durante más de quince años, no hubo ninguna mínima neurona en algún recóndito rincón de algún cerebro en el microcosmos socialista que se diera cuenta de que, dado que ya no existía la peseta, ya no podrían utilizar de nuevo el viejo truco de la devaluación monetaria para disimular el empobrecimiento progresivo y severo que estaban infligiendo a los españoles día a día, mes a mes, año a año. Ningún socialista, y por supuesto ninguno de los de a su izquierda, se dio cuenta de que ya no había moneda que devaluar. Por lo que la próxima devaluación no sería ya externa, sino interna, o sea, "a pelo": cierre masivo de empresas, desempleo por millones, desindustrialización severa, quiebras empresariales y personales, y pobreza y miseria a raudales mientras ellos seguían fumándose un puro y robando y robando al mismo ritmo de siempre. Robar siempre a los españoles y devaluar siempre a los españoles: capicúa.
Esta vez les bastaron prácticamente un par de fines de semana para conseguir que la etapa ocho años de prosperidad y mejora de cuentas públicas de los gobiernos del PP de Aznar quedara aplastada, prensada como un coche en el desguace, entre un brazo de los quince años de Felipe y y el otro de los ocho del "Bambi de Hierro", como definió el hermano de Juan Guerra a Zapatero.
Debido a la falta de comparecencia de cerebro socialista alguno en estos casi treinta años de gobierno casi interrumpido, salvo en Andalucía, sin ninguna duda "la creme de la creme de la izquierda española contemporánea, en España hemos sufrido una devaluación interna de una magnitud tan descomunal que, a más a más, dificulta sobremanera su comprehensión. Sufrimos los efectos, explotamos de rabia, nos desesperamos, pero nuestro cerebro de personas de a pie tiene toda la pinta de no estar preparado para captar las magnitudes. Y a veces, créanme, pienso que quizás sea mejor así.
En estas situaciones los procesos de recuperación llevan por definición e inexorablemente mucho tiempo. Y los "frames" se despliegan en lustros: un lustro, dos, tres...
El pico de la burbuja no deja de ser el pico de una época de locura. Desde este punto de vista, realizar comparaciones con datos del pico de la burbuja no solo no tiene ningún sentido desde ningún punto de vista, sino que es además contraproducente de raíz a todos los efectos. Ni la situación actual es aquella ni tengo puta gana alguna de que volvamos a repetir tan nefasto modus operandi. Se trata, en mi modesta opinión, de seleccionar una buena dirección, y desde ahí ir mejorando los fundamentales sin prisa pero sin pausa. Establecida una buena base, el simple paso del tiempo hace que no solo la situación vaya mejorando día a día sino que esté a la vista de cualquiera al poco tiempo de echar de nuevo a andar. Las etapas de desapalacamiento siempre son o muy largas o larguísimas, por lo que la generación de nuevo ahorro -- base y fundamento del inicio de los ciclos económicos sanos -- llevan siempre, y en el mejor de los casos, una década tras otra. Todos los juegos con números que Vd., querido lector, vea realizar a los Krugman, Stigliz, Piketty y demás prestidigitadores de la izquierda lela contemporánea, no son otra cosa que pataletas de niño malcriado que se niega a reconocer que se gastó toda la paga el primer día del mes y ahora toca parchís hasta el mes que viene. Punto. Son matemáticas.
Tengan en cuenta además, que esta primera parte del ahorro en estas situaciones solo puede producirse reduciendo la estratosférica deuda generada en la, en este caso, prácticamente inacabable etapa previa: cortando, recortando, cortando y volviendo a recortar la monumental deuda que el Partido Socialista Obrero Español ha echado a nuestras espaldas y a las de nuestro hijos en estos sus treinta años de locura y rapiña sin fin. ( Recuerden que estos tíos tienen en Andalucía miles y miles de empleados públicos metidos a dedo, rondando por los pasillos sin hacer nada salvo cobrar a fin de mes, porque los tribunales se niegan a validarles como funcionarios. Pero si les echan -- que es lo que deberían hacer por la ilegalidad y por la imperiosa necesidad de reducir el gasto en la Administración Pública -- perderían los votos, las elecciones y el poder.)
Por tanto, decía, las únicas comparaciones que tienen sentido si en su vida tiene Vd. alguna otra aspiración que no sea la de ganarse la vida de mamporrero en unas listas electorales de cualquier partido progre español, son las que se realizan entre el ahora y el momento más bajo de la crisis, ya que es únicamente desde ese punto desde donde puede Vd. comprobar la evolución y la tendencia real en la que nos encontramos, y, en consecuencia, si realmente estamos o no mejorando.
No les conviene olvidar tampoco, además, que ese punto crítico en el que se produce el giro de pasar de seguir empeorando a dejar de empeorar es gloria bendita para los que deseen ganar en los mercados mucha pasta y durante mucho tiempo, porque son el origen del comienzo del principio de las tendencias de largo plazo. Y viceversa, en posición corta. Todo lo demás, que prácticamente es lo único que va Vd. a ver y a oir una y otra vez durante toda su vida son cuentos, consignas o discursos que, independientemente de su origen o intención, no sirven ni aquí dentro ni ahí fuera sino para que los herederos de estos de los últimos treinta años vuelvan robarle a la cartera. S2.
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