Muchos son los que recurren hoy en día a los principios del liberalismo y el individualismo para denunciar las políticas redistributivas y las altas presiones fiscales de los gobiernos occidentales. Los principios de la libertad, equiparar los impuestos a un robo y otros muchas ideas se utilizan para argumentar contra las subidas de impuestos y el intervencionismo. Sin embargo, en el siglo XVII, ya hubo un hombre que fue mucho más original para proteger su patrimonio que tanto le costó lograr durante su vida. Estamos hablando de William Petty, un virtuoso en muchas disciplinas que decidió demostrar al parlamento inglés que no debían subirle los impuestos a él, sino a otros sectores de la economía. ¿Cómo? Escribiendo un brillante tratado sobre contabilidad nacional en el Reino Unido intentando mostrar los desequilibrios del sistema impositivo y por qué estaba mal diseñado, además de que no debían subir los impuestos a los terratenientes, sino establecer un impuesto que equivaldría al actual IRPF. Al fin y al cabo, ¿la política responde a los principios básicos o éticos o son los políticos utilitaristas?
Biografía de William Petty
William Petty fue un hombre polifacético. Anatomista, físico, profesor de música, inventor, estadístico, miembro del Parlamento, demógrafo, cartógrafo, fundador de la Royal Society, industrial y autor, todas esas facetas fueron desarrolladas por Petty a lo largo de su vida, muchas de ellas con gran éxito. Nacido en Hampshire en 1623, hijo de un sastre, Petty era prodigio en los estudios:
A la edad de 15 años ya había logrado dominar el latín, griego y francés, la disciplinas de aritmética, geometría y astronomía, también sabía dirigir la navegación de un barco, ésta última con el conocimiento de varias disciplinas matemáticas. (Petty 1769, p. IV)
Nuestro personaje fue un gran aventurero, se embarcó en tantos proyectos y tan variados que no tenemos suficiente espacio para detenernos en cada uno de ellos. Nuestro personaje tenía una gran pasión por inventar aunque sus prototipos no triunfaron mucho. Pero podemos destacar su éxito en los círculos académicos de anatomía y su famosa hazaña de reanimación de una mujer que aún daba signos de vida cuando todo el mundo la daba por muerta. Delante de sus alumnos en la universidad, consiguió reanimar el cadáver de una mujer que había sido ejecutada en la horca pero que aún daba signos de vida. Su éxito fue publicado en un “periódico” de la época llamado “News from the Dead”. Ante tal hazaña se le otorgaron el título de Profesor de anatomía en Oxford y el de Vicepresidente del Brasenose College.
William Petty pidió la excedencia académica para incorporarse como físico al ejército de Cromwell en Irlanda. Como suele pasar a menudo en las guerras, no había suficiente dinero para pagar al ejército de forma inmediata así que se les dio una promesa de pago con las tierras que se iban a conquistar y confiscar (nuestro personaje Richard Cantillon y su familia fueron algunas de las víctimas). Pero para poder llevar a cabo el pago con terrenos era necesario llevar a cabo un estudio cartográfico o mapear la isla de Irlanda ya que los mapas de 1610 eran muy inadecuados. William Petty fue designado para tal tarea, todo un desafío desde el punto de vista financiero y logístico (se consideró una gran hazaña). Además Petty aprovechó para enriquecerse de forma considerable cuando a los soldados se les pagó con las tierras confiscadas. Muchos de éstos necesitados de liquidez vendieron con importantes descuentos sus derechos de explotación donde Petty aprovechó la oportunidad para comprarlos. Fue capaz de conseguir tal financiación gracias a las recompensas por el estudio cartográfico, y fueron tan cuantiosas que fue capaz de comprar tierras por casi toda la isla irlandesa.
Así que ya tenemos a William Petty convertido en todo un terrateniente a pesar de que perdió una importante parte de sus posesiones en la Corte de los Inocentes en 1663, como consecuencia de la Restauración posterior a la guerra. Sin embargo, su patrimonio se vio compensado ya que se le otorgó el título de caballero por Carlos II, el monarca que estaba fascinado por las ideas de Petty y sus innovaciones. Y es entonces cuando Petty se lanza a escribir sus obras que son una verdadera joya para estar escritas en el siglo XVII.
Subidas de impuestos para financiar la guerra
No se puede entender la obra de William Petty sin las guerras entre la corona inglesa y los holandeses. Durante el siglo XVII hubo tres guerras motivadas por el comercio, concretamente en los periodos 1652-1654, 1665-1667 y 1672-1674. En este ambiente es fácil imaginar cómo aumentó la presión fiscal en las islas británicas. La forma más directa y sencilla de conseguir ingresos para financiar la guerra era aumentar la carga impositiva sobre los terratenientes y propietarios de la tierra. Petty estaba muy preocupado por conservar su patrimonio, que como él deja constancia en algunos escritos le había costado mucho trabajo conseguir y no estaba dispuesto a renunciar a él fácilmente. Y es en esta situación cuando decide escribir A Treatise of Taxes and Contributions(1662) y Verbum Sapienti(1664). Estas dos obras tienen como fin mostrar a los responsables de la política fiscal que el sistema impositivo estaba muy descompensado y que había otras actividades económicas que gravar, aliviando la carga sobre los propietarios de tierra.
Verbum Sapienti y la Contabilidad Nacional
La exposición de Petty comienza con un estudio demográfico de la época elaborado por su amigo Graunt, que recopiló datos de todas las tablas de mortalidad en el Reino Unido hasta la fecha. La estimación fue de 6 millones de personas en total para las islas británicas, que junto con la estimación de un gasto per cápita (realizada por Petty) de £6 13s. 4d daban como resultado un gasto total en bienes finales de 40 millones de libras para el Reino Unido. El gasto en bienes finales debe ser igual a la renta neta de la sociedad (PIB), y después de esta equiparación analiza de qué sectores proviene el conjunto de la renta. Estima que 8 millones de libras provienen de la agricultura o de la tierra en general, y 7 millones provienen de otras actividades que no son del trabajo (alquileres, pesca, caza, oro y plata). Así que 15 millones de libras (7+8) provienen de las actividades “no humanas” (ajenas al trabajo se refería).
La cantidad de renta de las rentas del trabajo la obtiene de forma residual, intuyendo de forma correcta que las rentas del trabajo serían la diferencia entre la renta total y la renta de actividades no del trabajo:
40 - 15 = 25 millones de libras
Además de estimar la renta de cada actividad, fue lo suficientemente perspicaz como para capitalizar las rentas anuales para poder estimar el valor de la riqueza que generaba esas rentas. Aplicando una rentabilidad del 6% estimó el valor de la riqueza no humana (tierras, alquileres, caza, etc) en 250 millones (15/0,06=250) y la riqueza humana en 417 millones (25/0,06=417). Es increíble el nivel de conceptualización para la época, con las inexistentes referencias sobre los conceptos de la contabilidad nacional. De este modo, nuestro personaje fue capaz de distinguir entre renta y riqueza, entre producción neta y capital instalado (valor de los activos utilizados).
Gasto total = Renta nacional
Gasto nacional = £40 mill
Renta de la riqueza no humana = £15 mill
Renta riqueza humana (£25 mill) = Renta total (£40 mill) - Renta riqueza no humana (£15 mill)
Riqueza humana capitalizada = £417 mill.
Con este análisis lo que nuestro autor quería hacer entender era que había una parte muy importante de la renta que no estaba gravada con impuestos, las rentas del trabajo. La mayoría de la carga tributaria descansaba sobre los propietarios de la tierra, o al menos eso quería hacer ver Petty. Sin embargo, más de la mitad de la renta anual provenía de las rentas del trabajo. Probablemente sea uno de los primeros impulsores del impuesto sobre la renta de las personas físicas (salvando las distancias desde luego). Su conceptualización y estimaciones son una gran avance para la época debido a la escasez de medios para obtener estadísticas y datos, aunque obviamente no podemos comprobar la precisión de los métodos de Petty. Por suerte podemos hacernos una idea del grado de aproximación de sus cálculos, comparando el peso relativo de las rentas del trabajo sobre el total de la renta neta nacional. Este cociente o porcentaje mide qué parte de la renta neta es aportada por las rentas del trabajo, y al parecer estadísticamente suele ser una relación bastante regular. En el caso de las estimaciones de Petty obtenemos:
(25/40)*100 = 62,5% (peso relativo de las rentas del trabajo en el total de la renta nacional)
(15/40)*100 = 37,5% (peso relativo de las rentas del capital en el total de la renta nacional)
Para el caso de la contabilidad nacional española en el periodo 2000-2011 el porcentaje que se obtiene para la participación de las rentas del trabajo ronda el 52%-55% sin realizar ningún ajuste. Como vemos William Petty no andaba muy desencaminado.
Conceptos de renta y riqueza en la actualidad
Con
esta gran obra William Petty ya advertía en el siglo XVII de forma
muy clara la diferencia entre riqueza y renta. Son muchos los
artículos periodísticos que se escandalizan por las diferencias en
patrimonio entre los millonarios y los pobres en el mundo. Cuentan el
patrimonio de un multimillonario valorado en euros o dólares y lo
dividen entre un número de pobres (del mundo o de un país),
interpretando que el reparto de esa riqueza solucionaría el problema
de la pobreza. Argumentos más sofisticados a favor de la
redistribución aparte, este análisis o cálculo comete un decisivo
error: confundir patrimonio o riqueza con renta. Los que así razonan
deberían calcular la renta estandarizada que corresponde al
patrimonio acumulado como hizo William Petty, y las cifras que suelen
presentar ya no son tan prometedoras como parecían en un primer
momento. Si el reparto de ese patrimonio es de 30.000€ entre cada
persona, estamos hablando de una renta de 1.500€ anuales (5% de
interés).
En el
mundo de la bolsa, esta dicotomía se puede ver en las acciones,
mientras que la renta corresponde a los beneficios generados por los
activos (algunos de ellos distribuidos a través de dividendos), la
riqueza o patrimonio corresponde al valor de mercado de las acciones.
Este es el motivo por el que la bolsa no es ni un casino, ni un juego
exclusivamente especulativo, porque a
largo plazo es un juego de suma positiva en donde los que participan
pueden beneficiarse de las rentas que generan año a año las
compañías cotizadas.
Una vez que esta
diferenciación se entiende resulta muy interesante comparar dos
filosofías de inversión en bolsa: una basada en la evolución de
los precios de las acciones en el presente inmediato y otra basada en
los rendimientos futuros de los activos cotizados. La primera se
conoce como más especulativa y es más cortoplacista, mientras que
la segunda es más paciente y se centra en el largo plazo. La primera
viene representada por el concurso de belleza de Keynes y la segunda
se fundamenta en el principio básico del capitalismo, en la acumulación
de ahorro y capital sacrificando consumo presente en favor de bienes
futuros (la renta del capital invertido).
Referencias:
-
Antoin Murphy, The
Genesis of Macroeconomics(2009)
-
William Petty, Verbum
Sapienti(1664)
-
William Petty, Treatise
of Taxes and Contributions(1662)
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