“El término efecto cobra fue acuñado por el economista alemán Horst Siebert en su libro de 2001 del mismo nombre, inspirado por un episodio ocurrido en India cuando todavía era "la joya en la corona del Imperio británico". Su capital, Nueva Delhi, sufrió una infestación de cobras, un problema que claramente necesitaba una pronta solución dado que, entre otras cosas, podía ser mortal. Al gobierno colonial se le ocurrió una solución: ofrecer una generosa recompensa por cada cobra muerta que la gente entregara. ¡Brillante! la oferta provocó una cacería que efectivamente redujo el número de esas serpientes venenosas. Solo que, después de un tiempo, hubo algo que empezó a extrañar a las autoridades. Ya no se veían cobras deslizándose por la ciudad y, sin embargo, seguían pagando tantas o hasta más recompensas. Lo que había ocurrido es que cuando se volvió más difícil encontrar serpientes en la ciudad, la gente se volvió más emprendedora. Comenzaron a criarlas en sus hogares, para poderlas matar y seguir recibiendo el dinero que el gobierno ofrecía. Cuando las autoridades se enteraron de lo que estaba pasando, suspendieron los incentivos. Como las serpientes ya no tenían ningún valor, los criadores las soltaron y Delhi se vio una vez más invadida por las peligrosas serpientes... solo que en números más altos.” (explicación extraída de BBC Mundo).
Cuando he leído el artículo de Miguel, que ha enlazado los conceptos de
Propiedad=>Mercados=>Información=>Libertad
me ha venido a la mente el capítulo dos de mi libro de economía: el Samuelson, allí habla de los tres problemas fundamentales que toda civilización debe responderse a si misma desde el punto de vista de su organización económica:
1º ¿Qué bienes se van a producir y en qué cantidades?
2º ¿Como se van a producir?: ¿Quien los producirá? ¿Con qué medios? ¿Con qué tecnología?
3º ¿Para quién se va a producir?: ¿Cómo se va a distribuir, la producción, entre los individuos y familias?
Hay muchas respuestas para estas preguntas, pero todas están graduadas entre dos extremos: la que propone el estatismo-socialismo-comunismo (incluyo un tercer término, “estatismo” porque estoy observando cómo hay partidos socialdemócratas y de derecha a los que les encanta meter el estado en todas partes, tanto que parecen partidos socialis-comunistas.) consistente en la decisión centralizada: un individuo, organización administrativa o partido, decide las tres cosas; y la que propone el liberalismo, dejar que lo decidan de forma descentralizada los individuos u organizaciones de la sociedad, mediante el instrumento que constituye el mercado.
Claro, el problema es que la economía y el comportamiento humanos son tan complejos que es como intentar poner puertas al campo. No existe ningún individuo u organización que pueda planifica la economía, ni siquiera dirigirla o pastorearla, cuando se actúa de esta manera normalmente se obtienen resultados muy distintos a los esperados, tales como eliminar un problema, generar un problema presupuestario y por último volver a generar el problema inicial redoblado, como muestra muy intuitivamente la anécdota del "efecto cobra".
Un ejemplo clarificador lo tenemos en la planificación centralizada que ha lanzado la Unión Europea con la agenda 20-30 en un intento de cambiar el modelo energético a marchas forzadas:
¿Qué bienes se iban a producir y en que cantidades?, la respuesta era que se iba a producir energía “limpia” en cantidades suficientes para mantener un alto nivel de vida, el típico de un ciudadano europeo del siglo XXI.
Nos encontramos en el terreno favorito de los políticos: la venta indiscriminada de ideas fantásticas y maravillosas, desconectadas de la realidad, a cambio de votos, montones de votos comprados con ideas baratas.
¿Es que alguien piensa que, al mismo precio, cualquiera preferiría energía sucia a energía limpia? La negrita no es baladí: ¡es que la energía limpia es, para empezar, (y ya veremos hasta donde llega la madriguera de conejos) un 40% más cara!. Ellos quizá puedan permitírselo, pero los pueblos de Europa no pueden permitírselo, como le están recordando los transportistas al Gobierno.
¿Como se va a producir?: ¿Quién la producirá? ¿Con qué medios? ¿Con qué tecnología? Aquí es donde vienen grandes despropósitos: los medios iban a ser una gran emisión de deuda pública que compraría el BCE, y que, como no había inflación, proveería recursos de la nada. Pero hay otra gran apuesta de tahúres, ¡Los políticos tanto de Bruselas como de los estados, se metieron a ingenieros!: Se iba a producir con molinos y con paneles solares, y otras tecnologías que todavía, ni están maduras, ni se las espera a corto plazo (fusión atómica, energía geotérmica profunda, energía mareomotriz…). Y ¿quién lo iba a producir?: las empresas del mercado, a las que no se les deja la libertad de aplicar los medios técnicos que racionalmente estarían a su alcance para hacerlo posible (¿la energía nuclear de cuarta generación?).
El resultado es que, (en una nueva edición del “efecto cobra”) mientras hubo subvenciones, las empresas, aplicando la racionalidad económica que les dictan sus balances, se lanzaron a producir molinos y paneles solares, estas formas de producción no están maduras, porque tienen el defecto de la irregularidad y requieren tecnologías de apoyo: sistemas de almacenamiento que no están desarrollados y que no se tuvieron en cuenta a la hora de calcular los costes de instalación de molinos y paneles, de modo que su parte en el mix energético de la generación, ha sobrepasado el 20 % causando inestabilidades en las redes eléctricas nacionales.
¿Para quién se va a producir?: ¿Cómo se va a distribuir la producción entre los individuos y familias? Si vemos el desarrollo anterior, veremos que es inevitable una conclusión: la producción de energía, así configurada, iba a salir irremediablemente mucho más cara, en este punto hablemos claro ¿Quién va a soportar el incremento de precio de la energía?, pues está claro: los ciudadanos.
¿Y cómo han logrado que los ciudadanos admitiesen tal barbaridad? Pues actuando en LA INFORMACIÓN (grandísima operación publicitaria haciendo creer al pueblo europeo que el mundo se va a terminar entre fuegos del infierno, en 2050, generando así un movimiento cuasi-religioso, paralelo al milenarismo del año mil de la edad media) y eliminando su LIBERTAD de elegir con ello; con lo que se distorsiona gravemente el funcionamiento de los MERCADOS de la energía, Y ojito, porque de ahí a acabar con la PROPIEDAD solo va un paso, recuerden como enseñaron la patita de lobo, por entre las rendijas de la publicidad: “no tendrás nada y serás feliz….
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