Keynes versus Hayek (I)

14 de enero 2
Treinta años Economista Titulado del Banco de España. Economía internacional. Autor del blog "Decadencia de Occidente", blog sobre los estragos... [+ info]
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4º en inB
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Estoy precisamente leyendo ese libro, de Nicholas Wapshott, y no he tenido más remedio que pensar en qué mal se enseñaban las cosas en España (y por lo que me cuentan, van a peor). Este debate entre estos dos gigantes simboliza todo lo que cabe en la macroeconomía moderna, y es un magnífico comienzo para entender los conceptos y sus intenciones relaciones, a lo que ayuda el enfrentamiento entre las dos posturas en liza..

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A mí me enseñaron una especie de microeconomía a base de fórmulas y gráficos, fuera de cualquier contexto histórico, y le cogí una profunda aversión a la materia. Gracias a la excelente calidad pedagógica del profesor Rojo, recuperé un tanto del entusiasmo perdido. Pero claro, no había continuidad. Había perdido un año y volvería perder otros. 
Si observan las tres líneas del final de la portada, dice que “es el único libro que necesitas para entender el debate actual entre intervencionismo y libertad”. Y es que el debate de gigantes Keynes vs. Hayek fue el primer debate sobre este tema, que todavía no ha terminado. 
La mediocre enseñanza que recibí en la universidad me retrasó mucho llegar a tener una visión  completa de la inmensa área que abarca este esencial debate. Es curioso que la crisis del 2008, o como se la llama oficialmente “La gran recesión” - para distinguirla de la de 1929, “La gran depresión” - me acuciara la curiosidad hasta el punto de leer y escribir sobre el tema más que nunca en mi vida. De ahí me vino un giro crucial hacia Keynes, después de unos años en que me consideré seguidor de Friedman, sumado a muchas de las aportaciones de Hayek, al menos las más “filosóficas“. Cosas de Hayek son todavía válidas. 
Estas tres distinciones me van a ayudar a diferenciar las tres escuelas principales en vigor:
1 - Keynesianos, hoy una parte muy residual de la economía, que pide una intervención fuerte, monetaria y fiscal, en la economía cuando hay recesión.
2 - Friedmanianos o también llamados Neokeynesianos, (nombre muy discutible), que dicen que basta con una intervención monetaria bajando o subiendo el tipo de interés para suavizar el ciclo. 
3- Hayekianos, donde incluyo a los Lucasianos y a la Escuela Austriaca, aunque también podríamos asimilarla en una buena parte a la de Chicago. 
Bien, pues estas distinciones tienden a mezclarse en la realidad, porque cuando hay una recesión fuerte, el banco central suele actuar en sentido del grupo 2), y el grupo 1) no desdeña la política monetaria, eso sí acompañada de la política fiscal. El grupo 3) es el más rígido y propugna la no intervención absoluta de gobierno. 
La fuerte y agria polémica entre Keynes y Hayek tuvo lugar en 1931, cuando Hayek fue invitado a dar unas conferencias en la London School of Economics, cuyo director era Lionel Robbins, adversario de Keynes. La Intención de Robbins era destrozar el prestigio de Keynes vía Hayek, un representante de la escuela Austriaca, mal conocida en Inglaterra. Nunca se pudo imaginar un par de púgiles más dispares. Ambos eran muy altos, pero Keynes en el vestir era descuidado, mientras que Hayek era atildado. Por cierto, éste tenía diseñada perfectamente su carrera: sería profesor en Inglaterra, luego volvería a Viena en la cúspide de su prestigio, llegaría a gobernador del Banco de Austria, y ya mayor sería embajador de su patria en el Reino Unido. Una claridad de su futuro indisputable. 
Supongo que mientras estuviera en Inglaterra habría aplastado a esos keynesianos, lo que le valdría una fama mundial. En todo caso, sus conferencias en la LSE le valieron un contrato para ser profesor allí. 
En sus conferencias, que luego fueron publicadas en un libro “Precios y producción” pretendía de mostrar los “monumentales” errores de Keynes en su propuesta de que cuando la economía entra en depresión y deflación (que era lo usual entonces), lo que conviene es incentivar el gasto público y bajar los tipos de interés para alentar de nuevo el consumo y la inversión. Eso era un error para Hayek porque en su modelo, el aumento del ahorro no era problema, sino la solución: eso haría bajar el tipo de interés lo que incentivaría la inversión. Lo que era un pecado inmenso era intentar “forzar la jugada” aumentando el crédito bancario para lograr bajar el tipo de interés. Sólo el juego “natural” entre el ahorro y la inversión eran el camino correcto para ello. Eso sí, no había que tener prisa: solo había que tener paciencia para que las cosas se recolocaran en sus equilibrio natural, y en su tipo de interés natural, el que igualaba el ahorro y la inversión.
Esta teoría era para Keynes una falacia. Cuando subía el ahorro de consumidores y empresarios, la demanda de consumo e inversión de capital caía a plomo, y no había ninguna razón para esperar una pronta vuelta al pleno empleo de trabajadores y capital. Es más, se podían generar procesos acumulativos de mayores caídas de la demanda, del paro, y aumentos del ahorro que volverían a contraer la demanda. Para él era imperativo que el gasto público creara demanda mediante la inversión pública, subsidiar a los que estaban en paro para sostener el consumo, y bajar los tipos de interés. Los procesos “naturales” podían requerir mucho tiempo e incluso no llegar al final del proceso a tiempo. 
Hay que decir que Keynes estaba en camino de procesar nuevas ideas que se plasmarían en su “Teoría general...”, (1936) su obra cumbre donde rompería definitivamente la economía del equilibrio, dando la espalda a su forma de pensar hasta ahora. 
(Y esta es la primera parte de mi ensayo que espero les interese como para seguir leyéndolo en lo sucesivo).

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