En el debate de ayer

23 de abril 0
Treinta años Economista Titulado del Banco de España. Economía internacional. Autor del blog "Decadencia de Occidente", blog sobre los estragos... [+ info]
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La insignificancia de los políticos, en primer lugar. ¡Que poca altura de miras, que mezquindad! Ese tal Sánchez, que se dio cuenta que iba perdiendo el paso nada más empezar, ¡qué vacío, qué orfandad de ideas! Deplorable. 

Ahora bien, lo que más me sulfura sin poder evitarlo es ver a Pablo Iglesias, porque no puedo soportar a alguien que se diga comunista después de la historia del siglo XX, que es lo más que ha durado este invento. En esto estoy de acuerdo con el mensaje del Editorial de Inbestia, que ya comenté. Para empezar, la pinta que llevaba el tipo. Otras veces le he visto con chaqueta, ¿no podía ponerse una? Y luego la coleta de los cojones, lo más antiestético que he visto nunca. Pero no es eso. Cuando llegué a la Universidad me pasaron tres trenes por encima. Uno fue la propia conciencia de que el mundo era más complejo de lo que había conocido. De repente me encontré sólo frente a esa complejidad. Después fue el puto marxismo comunista, que manipulaba la oposición a Franco, eliminando brutalmente cualquier atisbo de otra forma de oposición más democractica, con lo cual o estabas con ellos o eras un fascista. Era triste, y es triste que sigamos igual. Tercer tren, fue el choque frontal con el ejército en la mili. Este mundo sí que no me lo podía imaginar. La mezcla pétrea de esos dos últimos trenes, el comunismo y el ejército, fue una muy torpe jugada de Franco a la juventud,  una muy mala preparación para lo que venía después, sobre todo porque el mundo comunista siguió incolume con su influencia, pese a la poquedad de votos que luego en las elecciones sacaba. 
El ejército te empujaba a la rebelión, y ésta te llevaba al marxismo. La convivencia con éste era pesadillesca. Me saco de ella, afortunadamente, la influencia de unos amigos de Filosofía que me hicieron leer a Popper y otros autores entonces desconocidos entre la borreguil masa de estudiantes, divididos entre borregos comunistas y borregos franquistas. Para mí Popper fue una revelación como lo pudo ser los Evangelios para un cristiano primitivo. Dejé de de ver el mundo con las gafas blanquinegras del marxismo, gran liberación. 
A todo esto, ni señales de humo del PSOE, que luego se llevó el gato al agua en la Transición. El PSOE no tenía ni un mal representante que levantara la cabeza en aquellos tiempos de agonía franquista, aparte de que su ideología era, como se vio en los primeros años tras la muerte de Franco, más marxista que el comunismo. Curiosa esa no-presencia, esa evanescencia, de un partido que tenía que haber estado ahí dando la cara. 
Franco, como he dicho, por interés, prefirió lanzar a los disidentes en brazos del Comunismo, y así en las librerías podías encontrar todos los libros de Marx, Engels, y demás seguidores de entonces, pero ni rastro de algo parecido a la socialdemocracia o el liberalismo (odiado por el dictador), algo en lo que no creía ni el PSOE. Se ve que los comunistas eran considerados más manipulables que una opción democrática, y permitieron que aquellos se arrogaran la encarnacion de la verdadera democracia, operación maquiavélica del régimen. 
Por eso el debate de ayer me pareció triste, porque veía las mismas mentiras, las mismas ausencias, las carestías de siempre, que yo viví en mi juventud de mi generación perdida. Por lo menos luego vinieron políticos de cierto nivel, que duraron un suspiro. Porque otra cosa que me hizo reflexionar es lo cruel que es este país con los que rallan más de cuarenta años. Aquí el que pasa de cierta edad es fagocitado, tunelado, y masacrado por la plebe. En los paises decentemente gobernados, se ven candidatos de hasta setenta años, o más, no digamos ya en EEUU, donde no es desdoro ver a gente de la tercera edad competir por el Congreso, Senado, y la Presidencia. Pero en Francia es parecido, y el Inglaterra, o Alemania. España es diferente en eso también. Sólo los jóvenes pueden aspirar a políticos, y cuanto más ineducados y analfabetos, mejor. 
¿No hay una correspondencia más o menos oculta entre el pueblo y los políticos de que hablamos? Yo creo que si. A tal país, tales políticos. Por ejemplo, Torra y sus catalanistas. Tal para cual. Pues les auguro una cosa. Que España se condena a sí misma a ésta ordalía de pesadilla. 

Todo, dígase lo que se quiera, marca el estigma de nuestra delicuescencia: de seguir de este modo, pulposos e invertebrados, habrá aquí en este viejo hogar, simbolizado por castillos y leones, que arrojar sal, para que la vida no perdure ignominiosamente. (AS)

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