El Futuro del automovil

15 de julio, 2020 1

La prevista desaparición del coche en propiedad y por qué las predicciones de las grandes marcas pueden estar equivocadas.

Sin menospreciar la lógica de su presumida desaparición, se da demasiado peso a razonamientos económicos y se deja de lado el comportamiento del usuario final:  una persona con miedos, anhelos, caprichos, no siempre lógicos, pero que determinan qué y cómo queremos las cosas.

El coche se terminará pareciendo más a un yate de lujo o a una mini caravana que al minúsculo espacio interior con ruedas del coche actual, y consecuentemente a valorarse y a exhibirse como los barcos o las casas: por metro cuadrado.

Javier Herreros de Tejada, Junio 2020

El futuro del coche es, probablemente, uno de los tópicos de discusión más fascinante en el mundo empresarial actual.  Un mínimo de 4 revoluciones está produciéndose de forma simultánea: el coche conectado; el coche compartido; la electrificación de los motores y la conducción autónoma.  Las cuatro revoluciones están interrelacionadas, se potencian entre sí y tienen profundas implicaciones para los modelos de negocio de los próximos 10 a 20 años.  Estas cuatro revoluciones están a su vez basadas en la confluencia de varios avances tecnológicos: la Inteligencia artificial, el “big data”, la conectividad en casi tiempo real (Infraestructura 5G) y la eficiencia energética.

Aunque cada una de estas tecnologías es un mundo, en este artículo quiero centrarme solamente en cómo creo que van a usarse los coches cuando las cuatro revoluciones, incluida la conducción autónoma, confluyan en el coche del futuro.

La visión comúnmente aceptada es la de la práctica desaparición del coche en propiedad.  En esta visión, el coche como servicio y el coche compartido son el futuro y ya están proponiéndose tanto por fabricantes tradicionales (Daimler, Bmw, Volvo, Renault) como por nuevos entrantes (Tesla, Uber, Lyft, Cabify). El escenario previsto es que el advenimiento del coche autónomo va a hacer todos estos servicios aún más atractivos para el usuario y rentables (por fin) para los proveedores generalizándose su oferta por todo el mundo.  En los años 30 el coche compartido se fusionará con los taxis tradicionales, los Uber y los Cabifys y sobrevivirán dos modelos:  El Robotaxi (taxi sin conductor) y el modelo de suscripción.


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La primera alternativa es el resultado de fusionar los servicios de coche sin conductor (Car2go, Ziti; Emov), los servicios de taxi tradicional y los coches compartidos (Uber, Cabify) en un solo modelo de “Robo Taxi”.  El coche autónomo será el catalizador que, al sustituir a los conductores por conducción autónoma, unificará los modelos de negocio, permitirá un uso de las flotas muchísimo más eficiente y los hará extremadamente rentables.  Los taxis con conductor se limitarán a aquellos sitios en los que el conductor pueda dar valor añadido, como guía local o atracción turística. 

La segunda alternativa serán servicios de suscripción.  Estos ya se están ofreciendo como planes piloto por Mercedes en algunas ciudades de EEUU y otras marcas en distintas ciudades del mundo.  El cliente paga una cuota mensual que le da acceso a una gama predeterminada de vehículos.  Durante la semana laboral utiliza el más cómodo para ir al trabajo, lo cambia por un todo terreno para pasar el fin de semana en la sierra o por un descapotable para una escapada romántica. 

En esta alternativa, el coche autónomo también es clave y funcionará como catalizador del modelo de negocio.  Posibilitará el cambio de coches de forma automática y eliminará la necesidad de recogidas o devoluciones.  En el momento en que no hay que recoger o devolver el coche los nuevos servicios de suscripción y los coches de alquiler tradicionales se convierten en el mismo servicio y probablemente se fusionen.  La infraestructura de aparcamientos de conveniencia se simplificará y abaratará.  El precio será razonable y tendremos el coche que necesitemos específicamente para cada momento.

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En este futuro que acabamos de describir, el coche como un activo del que somos propietarios prácticamente desaparece del escenario.  Las ventajas de la suscripción son aparentemente tantas que solo se venderán coches a unos pocos coleccionistas excéntricos, a cuatro amantes de la conducción y en aquellas zonas geográficas que requieran un conductor físico: zonas rurales con caminos de tierra o que carezcan de infraestructura digital.  Citibank, en su trabajo  “Car of the future V4.0”  limita la propiedad tradicional en el futuro a “pick ups” o vehículos comerciales en los que la conducción autónoma es opcional.

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Sin menospreciar la lógica de la predicción descrita, pienso que da demasiado peso a razonamientos económicos y deja de lado el comportamiento del usuario final:  una persona con miedos, anhelos, caprichos, no siempre lógicos, pero que determinan qué y cómo queremos las cosas.  Precisamente porque el coche autónomo va a permitir que un coche se convierta en mucho más que un coche, el valor de ese automóvil “en propiedad” no va a desaparecer, sino que puede que se incremente aún más.

Síganme en un pequeño salto en el tiempo al año 2030-2035.  El paisaje: menos coches, muchos robotaxis en las grandes ciudades y un solo coche por familia.  El mantenimiento del coche familiar será menor que el del actual, el coste del seguro será prácticamente cero y el precio del coche, previsiblemente más caro. Pero, parafraseando a Rafael Nadal: ¡Vaya pepino!.  Esto es lo que nos va a ofrecer a cambio ese coche conectado y con conducción autónoma:

  • En primer lugar, vamos a poder hacer viajes que en la actualidad no tienen sentido.  Por ejemplo, salir un viernes después de trabajar y dormir mientras conduce el coche, nos permite estar esquiando el sábado por la mañana y además ahorrarnos una noche de hotel.  Lo mismo a la vuelta: podemos quemar las pistas hasta que nos las cierren y salir a última de la tarde descansando en el viaje de vuelta.  De esta forma, segundas residencias, destinos turísticos varios, se convierten en atractivos para un fin de semana o una corta estancia incluso si están a 6 o 10 horas de distancia.  
  • En Segundo lugar, podremos trabajar desde el coche.  El ordenador de a bordo superará la potencia combinada del de casa y el de la oficina unidos.  Será una maravilla de la tecnología que nos permitirá trabajar 100% conectados mientras que conduce el coche.  Tendrá los mismos archivos, aplicaciones, software, información y herramientas que las que tenemos en la oficina junto a un paquete de ciberseguridad mucho más estricto: en ninguna circunstancia podemos permitir que alguien hackee el coche mientras conduce.  Tendrá una interface hablada que suprimirá la necesidad de teclear en movimiento.  Y además tendrá todas las aplicaciones de entretenimiento que normalmente tenemos en casa y que ahora podremos disfrutar en los viajes a la segunda residencia o a la playa mientras el coche conduce.  Seguramente, la interface de voz sea con el mismo asistente que tenemos en casa y se extenderá a la oficina.  Esto explica la feroz batalla estratégica que se está desarrollando entre los Siris, Alexas, Cortanas, Bixbis y Google Nows de este mundo para conquistar el interfaz hablado de las casas.  Y todo lo anterior personalizado hasta la última de nuestras preferencias.
  • En tercer lugar, el coche será nuestro chofer.  Nos llevará donde queramos y volverá a casa y se aparcará o llevará a los niños al colegio, a nuestra pareja a su trabajo, recogerá la compra de un “drive in” automático de Mercadona y pasará a recogernos cuando estemos listos.  Hará el trabajo de dos o tres coches, como un reloj, siempre y mágicamente a tiempo.  Escuchará nuestras conversaciones con una silenciosa sonrisa y grabará todo lo que digamos, escribamos u hagamos en un diario sellado bajo un juramento inquebrantable de fidelidad, discreción y lealtad.
  • Por último, el tamaño y forma del coche serán probablemente muy diferentes a los del coche actual.  La capacidad de los coches de volver por sí solos a su aparcamiento o a un centro de recarga eliminará el fastidio de buscar una plaza de aparcamiento y permitirá coches más grandes.  Los motores y transmisiones eléctricas liberarán mucho espacio y permitirán un fondo del coche totalmente plano en el que acomodar una zona de trabajo o de descanso complementaria a la de la conducción.  El coche se terminará pareciendo más a un yate de lujo o a una mini caravana que al minúsculo espacio interior con ruedas del coche actual, y consecuentemente a valorarse como los barcos o las casas: por metro cuadrado.  La imagen, el diseño, la exclusividad y la diferenciación tendrán cada vez más importancia en un espacio que integrará vivienda, oficina, entretenimiento y movilidad.

Y, lo mismo que con las casas y los barcos, los compradores invertirán cantidades absurdas de dinero en sus coches para personalizarlos con los mejores diseños y opciones disponibles.  Los coches seguirán siendo uno de los activos más caros de nuestro patrimonio y la escenificación de nuestro éxito.  Francamente, no veo su atractivo como “propiedad” reduciéndose y mucho menos desapareciendo.

 


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