Recuerdo que en una de las primeras clases de este curso académico (allá sobre Octubre) alertaba a mis alumnos de la Facultad de la excesiva modelización que sufre la ciencia económica. Y cuando hablo de modelización me estoy refiriendo a querer interpretar la realidad económica a base de modelos teóricos llenos de variables.
Como buen austriaco, no creo en los modelos. Al menos, no en Economía. No voy a ser yo quien niegue la Ley de la Gravedad; está ahí, pero en el campo de lo físico. Cuando hablamos de personas, los numeritos mejor dejarlos en casa. Y la cosa no acaba ahí, porque una vez que hemos decidimos a “jugar a los modelos”, hay que medir las variables que vamos a utilizar. ¿Y qué ocurre entonces? Pues que toca encontrar un numerito para una letra que representa un concepto: un numerito para el nivel de precios (letra P), otro para la producción (letra Y), otro para el consumo (letra C), otro para el capital (letra K), uno más para la fuerza laboral (letra L), etc. En fin, de locos.
¡TACHÁN! Y no, no es un efecto óptico. Si en Marzo de 2011 el abanico de posibilidades para este año 2012 se situaba en el rango aprox. [0%, 3.3%], ahora, por arte de magia, le dan la vuelta al calcetín. Donde dije digo, digo la inversa: rango aprox. [0%, - 3.3%] para el tercer trimestre de este año.
Menos modelos, más sentido común y, sobre todo, mejor teoría económica. Por cierto, un manual de Economía de un tal Mises creo que tenía más 1.000 páginas sin un solo modelo…
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