Qué es un fondo de inversión

5 de diciembre, 2019 0
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Los fondos de inversión son una de las dos grandes figuras jurídicas, junto con las Sicavs, que constituyen lo que en España se conocen como Instituciones de Inversión Colectiva (IIC), reguladas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Éstas son entidades que se dedican a captar dinero del público, con el fin de gestionarlo e invertirlo profesionalmente en un conjunto diverso de activos, de tal forma que los rendimientos de los inversores se establecen colectivamente. 

Dentro de las IIC, los fondos de inversión son en términos legales patrimonios separados sin personalidad jurídica, es decir, que aunque los comercialice un banco o sociedad gestora especializada, no tienen la propiedad sobre el mismo. Más bien, esta propiedad pertenece al conjunto de inversores que han invertido o realizado aportaciones en ese fondo, a cambio de las cuales reciben un número de participaciones que representan la parte proporcional del patrimonio del fondo correspondiente. Estos inversores pueden ser particulares pero también otras IIC. Los inversores y propietarios del fondo delegan la gestión y representación a una Sociedad Gestora de Institución de Inversión Colectiva (SGIIC), que es quien toma las decisiones de inversión según las restricciones y directrices estipuladas previamente en la documentación del fondo.

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Fuente: Inverco

Los rendimientos de los inversores se fijan según el Valor Liquidativo (VL) del fondo. El VL de cada participación se determina dividiendo el patrimonio del fondo entre su número de participaciones. Este patrimonio se determina según la valoración de los activos en los que invierte el fondo. Por tanto, la valoración de los activos invertidos es la que determina la valoración de cada participación del inversor o partícipe (VL).

Existe una gran tipología de fondos de inversión desde los cuales acceder a una infinidad de activos y mercados distintos, con características de riesgo muy diferentes entre sí que pueden satisfacer las necesidades de la inmensa mayoría de inversores. La principal categorización se realiza por tipos de activo. Así, se distinguen los fondos monetarios, que invierten en instrumentos del mercado monetario (deuda a cortísimo plazo), los fondos exclusivamente de renta fija, los fondos exclusivamente de renta variable, y los fondos mixtos, que invierten o pueden invertir tanto en renta fija como en renta variable. Luego también podríamos considerar la categoría de fondos alternativos, que invierten en clases de activo o mediante estrategias distintas a las mencionadas.

Dentro de cada una de estas categorías existen otras muchas subcategorías, sobre las que simplemente daremos alguna pincelada, sin ser exhaustivos. Dentro de los fondos de renta fija, los hay con un perfil de riesgo más alto y más bajo: poco o nada tiene que ver invertir en deuda gubernamental a corto plazo a invertir en deuda corporativa de alto rendimiento o High Yield, a pesar de que ambos son renta fija. (Aquí definimos riesgo en el sentido tradicional, no en el de probabilidad de perder parte o todo el capital, dado que si lo definiéramos de la segunda manera, invertir en bonos con tipos de interés negativos, por ejemplo de Alemania, sería una forma asegurada de perder dinero a largo plazo). La renta fija es un universo amplísimo, con múltiples variedades de tipos de subactivos. También se pueden distinguir por los mercados y/o divisas en los que invierten, renta fija euro frente a renta fija internacional, o renta fija de mercados desarrollados frente a emergentes. En el caso de fondos de renta variable, se pueden desagregar por región geográfica o país en el que invierten (Iberia, Internacional, Emergentes…), por tamaño de las empresas (grandes, medianas, pequeñas), por el estilo o filosofía de inversión (Value, Growth…) o por el sector, habiendo fondos que solo invierten en determinados sectores (tecnológico, salud, financiero, materias primas…). Y dentro de los mixtos existe aún más variedad por su propia naturaleza, existiendo subcategorías que tratan de distinguirlos por niveles de riesgo: de defensivos (donde el nivel de exposición a renta variable suele ser relativamente bajo) a agresivos (donde el nivel de exposición a renta variable suele ser relativamente alto).

Una categoría que se solapa con las anteriores es la de “fondos de autor”, que pueden ser fondos que invierten solo en renta variable, solo en renta fija o mixtos. Como su propio nombre indica, están íntimamente vinculados al gestor del fondo, que suele tener un nombre en la industria. Estos fondos se diferencian de los fondos de las grandes casas de inversión, donde el atractivo para el público está más en el nombre de la gestora que en el nombre específico del gestor detrás de ese producto. En estos casos, es vital conocer la trayectoria, características y forma de pensar e invertir del gestor en cuestión.

Otra categoría es la de los “fondos de fondos”, que en lugar de invertir en acciones o bonos, lo hacen en otros fondos de inversión. El inconveniente de estos vehículos es que sufren de una doble capa de comisiones, es decir, a la comisión que se le paga al gestor que selecciona los fondos en los que invertir se le suman los costes de los propios fondos en los que invierte. La ventaja potencial para el partícipe sería que a través de un solo vehículo puede tener acceso a distintas clases de activo y gestores, que puedan rotarse con el tiempo según su atractivo puntual.

¿Por qué podría interesar a un inversor particular delegar en un fondo de inversión a cambio de un coste, en lugar de autogestionarse sus inversiones? Existen varios beneficios reales o potenciales que pueden ofrecer este tipo de productos:

  • Profesionalidad: ya que se trata de personas que dedican su tiempo al seguimiento de los mercados y gozan de unos medios técnicos que les permiten tener la mejor información posible en cada momento (lo que no asegura buenos resultados).
  • Diversificación: el hecho de reunir las inversiones de los partícipes en un único punto de decisión, dota al gestor de capital suficiente como para diversificar de forma racional las inversiones y poder buscar la mejor combinación de rentabilidad riesgo.
  • Liquidez: los productos de inversión colectiva tienen unos compromisos de obligado cumplimiento en cuanto a proporcionar liquidez a los partícipes.
  • Posibilidad de acceso a mercados restringidos o sofisticados: mercados a los que un inversor particular, por distintas razones como: desconocimiento, banda horaria o distancia, no podría acceder sin este tipo de productos.
  • Ventajas fiscales: se difiere el pago de impuestos por ganancias patrimoniales al momento de la venta o reembolso, pudiendo realizar traspasos de un fondo a otro fondo sin pasar por Hacienda. Ademas, las plusvalias obtenidas por el fondo por las operaciones de compraventa tributan al tipo reducido del 1%.
  • Ventajas operativas: ahorro de trámites administrativos de cualquier inversión individual, como el cobro de intereses y dividendos, renovación de vencimientos, reinversión de principal e intereses etc.

Asimismo, existen los fondos indexados o de gestión pasiva, que cumplen con la mayoría de cualidades recién mencionadas de los fondos de inversión, pero tienen particularidades que los distinguen de los fondos de gestión activa. Los indexados o pasivos lo que hacen es replicar índices ya construidos (los ETFs entrarían en esta categoría, aunque tienen algunas diferencias sobre los fondos de inversión convencionales). Aquí no hay un gestor pensando qué activos (acciones, bonos…) o qué estrategia seguir en cada momento, sino que la única tarea de la sociedad gestora es asegurarse que la composición del fondo esté bien ajustada diariamente con la de un índice determinado, ya sea de renta fija, como el índice de bonos gubernamentales global o de solo países emergentes, o de renta variable, como puede ser el Ibex 35, el Nasdaq o cualquier otro índice sectorial. Al igual que con los fondos activos, los indexados también pueden acceder a una infinidad de tipologías de activos y mercados, siempre y cuando exista un índice detrás. 

Los fondos indexados han tenido un gran auge en los últimos años, especialmente en los Estados Unidos (gráfico inferior), mientras que en España está tardando más en llegar. Como consecuencia de este auge, los proveedores de índices han puesto en el mercado infinidad de índices para que puedan servir de subyacente a productos indexados. La gran ventaja de estos vehículos son sus muy reducidos y decrecientes costes, dado que no requieren tener un equipo gestor detrás. 

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Fuente: Presentación Michael Alsalem, Curso de Verano Azvalor 2019.

En relación a los costes de los fondos de inversión, esta es una variable importante a considerar, puesto que a igualdad de condiciones, mayores costes implican menor rentabilidad final para el inversor. Y mientras que la rentabilidad futura de un fondo siempre es incierta, los costes están garantizados. Téngase en cuenta que los fondos de renta variable suelen tener comisiones más elevadas que los fondos mixtos, y éstos que los fondos de renta fija. A diferencia de lo que sucede en otros instrumentos de inversión, en los fondos las comisiones están “ocultas” en el Valor Liquidativo, lo que quiere decir que el VL ya incluye el impacto negativo sobre la rentabilidad de las comisiones. 

El principal coste es el de la comisión de gestión, que puede presentar formas distintas, ya sea en función del patrimonio del fondo o en función de los resultados obtenidos y del patrimonio. En la primera fórmula, el máximo legal impuesto por la CNMV puede alcanzar el 2,25%, mientras que si es una fórmula mixta, el máximo sería del 1,35% del patrimonio y el 9% sobre los resultados (como mostramos en la tabla inferior, en promedio es bastante inferior a estos niveles máximos). Esta pata de comisión sobre resultados puede volverse más compleja, por ejemplo, que solo se cobre un X% sobre resultados en caso de que la rentabilidad supere la rentabilidad del índice de referencia, o un umbral de rentabilidad previamente establecido. Más allá de la comisión de gestión, existen otro tipo de gastos, como la comisión de depositaría, los costes de transacción en los que incurren los fondos al comprar y vender activos, gastos corrientes o comisiones de suscripción o reembolso, que en la mayoría de casos no se aplican. En la siguiente tabla de Morningstar se ofrece una estimación de los diferentes costes promedio del universo de fondos europeos para distintas clases de activo:

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