Por haber tenido que ejercer durante tantos años el periodismo y el periodismo político en concreto—, tuve ocasión de conocer a muchas personas que se ponían a sí mismas el título de humanitaristas, pues es en la política, principalmente, donde suele encontrarse a esta clase de personas. Observándolas con cierto detenimiento, he llegado a la conclusión de que su humanitarismo es un pretexto para no querer a nadie en concreto, a nadie preciso y determinado. El humanitarismo es una fraseología, una manera de querer sin ningún compromiso, meramente verbal. Dar cosa concreta—tiene un gran mérito. Dar sin dar, dar en forma de ruido verbal, es una trampa grosera y vulgar criminal.
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