España, en la huella de Alemania

22 de febrero, 2017 0
Treinta años Economista Titulado del Banco de España. Economía internacional. Autor del blog "Decadencia de Occidente", blog sobre los estragos... [+ info]
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7º en inB
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Las exportaciones han crecido en 2016 un 1,7%. Grandes Aleluyas en los medios. Pero como dice José García Domínguez, en "Exportar no nos salvará", España no puede imitar a Alemania en un contexto en el que Europa es un espacio cerrado sobre sí mismo en que unos se exportan a otros. El 50% del PIB alemán se exporta. El 50%. El superávit exterior alemanas es del 9% del PIB. El resto del mundo le debe a Alemania más de un 100% de su PIB. Alemania, a su vez, es un país cerrado, como demuestra su gran superávit, que cuanto más grande sea, mayor será el déficit de otros países.

El bueno momento de España en exportaciones e importaciones se debe a la compresión de la demanda interna, que sujeta las desviaciones del consumo hacia bienes exteriores. Esro un día se acabará, porque el modelo ese producción español no ha cambiado, sigue basándose en el trabajo de baja productividad. Si alguien cree que nos podemos convertir en Alemania es un iluso. Transcribo un párrafo del brillante artículo de JGD.

Las metáforas, como los fundadores de religiones han sabido siempre, resultan decisivas para dar forma a las percepciones de la realidad que luego interioriza el público. Y con Alemania ha cuajado la imagen, ahora convertida en lugar común periodístico, de la locomotora. Pero, en realidad, a lo que más se parece la economía germana en el contexto europeo es a una aspiradora, no a un locomotora. Las locomotoras tiran de los vagones que las preceden; las aspiradoras, en cambio, absorben cuanto hay a su alrededor, dejando el más impoluto de los vacíos como única tarjeta de visita. Así las cosas, el éxito de Alemania se asienta en el fracaso de los demás. Algo que no ocurriría si los europeos comerciásemos de modo muy intenso con el resto del mundo, tal como el relato popular sobre la globalización quiere dar a entender. Pero eso, simplemente, no ocurre. Los europeos comerciamos de forma preferente con otros europeos. Somos un universo bastante más cerrado y autosuficiente de lo que se cree. España, por ejemplo, destina el 66% de sus exportaciones a los demás países de la Unión Europea. Y en eso no suponemos excepción alguna, sino que nos movemos dentro de la norma comunitaria. En cualquier caso, la alternativa de crecer exportando fuera de la Unión Europea, que no otro es el objetivo que inspira la política económica de Bruselas y Berlín, resulta tan inviable como lo anterior. Y por una razón similar. Las estrategias de desarrollo de Brasil, Rusia, India y China, los célebres BRIC, que junto a los emergentes de Asia serían los mercados potenciales de esa expansión europea, pasan por idéntico principio rector: exportar a Occidente. Todos ellos, sin excepción conocida, ansían exportar, no importar. Quieren vender, no comprar.

Con la diferencia de que los BRICS - añado yo - son naciones, con una política monetaria y cambiaria única y con un objetivo claro: exportar. El euro, en cambio, no tiene un objetivo único y común, porque cada país miembro tiene sus propias prioridades. Esa es la ventaja que nos llevan.

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