Entrevista a Juan Ramón Rallo sobre su nuevo libro “Una revolución liberal para España” (Parte II)

5 de mayo, 2014 0
Value investor y analista de renta variable independiente. Fan de Buffett & Munger. Seguidor de Escuela Austíaca de Economía y... [+ info]
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Juan Ramón Rallo estrena nuevo libro: “Una revolución liberal para España”, de Editorial Deusto. La semana pasada publiqué la primera parte de la entrevista que hice recientemente a Juan Ramón Rallo sobre su último libro.

Una Revolución Liberal para España

Como mencioné, la entrevista está ligeramente editada para facilitar su lectura. Cualquier error en el texto es directamente atribuible a mí, no a Juan Ramón. A continuación tenéis la segunda parte: 

Pregunta (P): En tu libro calculas que más del 80% por ciento del gasto público podría o bien privatizarse o bien eliminarse directamente ¿qué representa ese casi 20% restante?

Respuesta (R): Lo que defiendo es bajar el tamaño del Estado del 50% del PIB al 5%, lo que supone una reducción de entre el 80% y el 90% sobre su tamaño actual, lo que significaría que el gasto público se queda en el 5% sobre el PIB como mucho.

P: Te pregunto ¿qué representa ese 5%?

R: Sí, ese 5% del PIB representa básicamente cuatro elementos. En primer lugar está el gasto en mantener el orden público, en defensa, que sería como si dijéramos mantener el orden público internacional. El gasto en defensa simplemente lo mantengo con respecto a los niveles actuales, es decir, no experimenta cambios ni al alza ni a la baja. En segundo lugar, cierto gasto en policía que quizás tenga sentido que sea prestado nacionalmente para perseguir el crimen organizado, que opera en varias ciudades distintas. En tercer lugar, gasto en algunos tribunales, en la medida en que las partes no puedan ponerse de acuerdo en la jurisdicción, por arbitraje, que se vaya a jurisdicciones obligatorias, sobre todo en sede penal. Y por último, en general, puede haber una red última de redistribución de la renta para que nadie quede verdaderamente desamparado pero poco más que eso, es decir, todo lo demás se puede privatizar.

P: Habla un poco de la fiscalidad del estado mínimo que planteas; puestos a tener un sistema tributario, que no es tu ideal, ¿cómo sería? Te inclinarías más a gravar el       consumo o la renta y ¿por qué?

R: La carga fiscal debería ser la necesaria para conseguir el 5% del PIB de gasto que hemos comentado. Calculo que se podría conseguir con un impuesto o bien sobre la renta (sobre Sociedades e IRPF) o sobre el consumo de base, más amplia que la actual ya que en la actualidad ni toda la renta ni todo el consumo están siendo gravados, por no mencionar las exenciones. Se trataría de que no hubiese ningún tipo de exención ni deducción. Es cierto que en renta puede tener sentido que haya algunas, como por ejemplo, gastos necesarios para conseguir la renta, tratando de aproximar renta a renta neta, no a renta bruta. Esto se podía conseguir con un impuesto del 6% sobre estas variables (renta o consumo). En todo caso, se consiga como se consiga, la comparativa es presión fiscal del 5% o del 50%. En España es más bien casi el 40% pero en otros países del 50%, es decir, eso es impepinable.

P: ¿Qué es mejor gravar, la renta o el consumo?

R: En general, se suele tender a pensar que es lo mismo. Al final, en general, tu renta la gastas en consumir y aunque la capitalices, cuando consumas pagas. Pero sí hay un cierto consenso en que es algo mejor gravar el consumo que la renta porque gravar la renta no discrimina entre consumo presente y consumo futuro. De esta forma gravas indiscriminadamente el consumo presente y el consumo futuro hoy, cuando lo lógico sería gravar el consumo cuando se produzca. La idea es que si tú ahorrases el 100% de tu renta no deberías pagar impuestos hasta que consumas, no antes y al gravar la renta puedes pagar impuestos antes de que consumas o de que quieras consumir. Idealmente se debería tender más hacia impuestos sobre el consumo que hacia impuestos sobre la renta, aunque como digo al final son muy parecidos. Los son porque, en la medida que hay repercusiones del impuesto, es decir, que mucha gente cree que por el hecho de gravar la renta de los más ricos son los más ricos los que pagan y no los más pobres o de que porque paguen las empresas, pagan las empresas. Las empresas pueden tener margen para trasladar el impuesto a sus trabajadores por ejemplo, es decir si han de pagar un 20% de sus beneficios a lo mejor lo que hagan sea bajar sueldos o despedir a parte de la plantilla para que los beneficios crezcan un poco Y tener margen para pagar ese 20%, con lo cual, digo incluso antes de repercusiones Sería mejor marginalmente el consumo que la renta, pero luego al final da igual.

P: ¿Qué principios tendría ese sistema tributario?

R: Sí, debería ser simple, es decir que cualquier persona lo pueda entender, lo pueda fiscalizar, lo pueda rellenar, etc. Lo siento mucho porque creo que hacen un trabajo estupendo hoy en día pero la industria de asesores fiscales debería prácticamente desaparecer porque no debería haber formas de optimización fiscal. No porque la optimización fiscal no sea buena sino porque los impuestos deberían ser tan bajos y ser tan sencillos y tan transparentes que no haya margen para inventarse nada. Hoy la optimización fiscal es una herramienta de resistencia frente a la tributación pero, en la medida que no haga falta resistirnos o haga falta hacerlo mucho menos, debería tender a desaparecer. En segundo lugar, que sea transparente y que sea también simétrico. Eso es importante en el sentido de que, se forme la coalición que se forme, no se pueda influir el gravamen en una dirección en la que unos salgan ganando y otros salgan perdiendo. Sería el caso, por ejemplo, de los impuestos proporcionales. Ahí, aunque la gente con menos renta se coaligue y diga: “vamos a subir los impuestos a los ricos”, como es un tipo único para todos, si subes los impuestos a los ricos también los subes para ti. Por tanto el incentivo a que otros paguen más a tu costa es bastante más bajo. En cambio, en los impuestos progresivos claramente no son simétricos y, por tanto, se pueden coaligar para que paguen más los más ricos. Eso es lo que habría que evitar en cualquier caso.

P: Propones la privatización y desregulación total del sistema público actual educativo, ¿qué evidencia empírica hay de que el sector privado ofrecería el servicio de forma más eficiente y a menor coste? Y ¿qué otras ventajas comporta privatizar la educación, aparte de esa mejora en la relación calidad-precio?

R: Como evidencia empírica de que lo ofrecería a menor coste tenemos el caso de España. Ha muchos más pero no hace falta irse mas lejos, según los datos del propio Instituto Nacional de Estadística y Eurostat. La educación privada hoy, que no desregulada sino privada, cuesta la mitad que la pública en nuestro país.

P: Trescientos euros por alumno al mes versus seiscientos, ¿no?

R: Aproximadamente, sí. Aunque depende del nivel educativo y demás, pero sí. Estamos hablando en general, de ocho mil euros anuales frente a cuatro mil, más o menos. Evidencia la hay. Tenemos evidencia histórica de que Occidente se alfabetizó antes de la educación pública, sobre todo Francia e Inglaterra. También tenemos el ejemplo de los países del tercer mundo, en donde no llega el Estado o incluso donde llega, la educación la provee el sector privado. Hablando de beneficios, la educación en la actualidad la planifica, regula y controla en última instancia el Estado, con lo cual no tiene por qué ajustarse a las necesidades del usuario. Vemos fracasos escolares, vemos universitarios que no consiguen ocupar puestos conforme a su cualificación, por tanto que no están aprovechando su potencial de generación de riqueza y todo eso al final es porque lo que nos proporciona el Estado en materia de educación no se adapta a lo que necesitamos como sociedad.

Juan Ramón Rallo

P: ¿Por qué dices que la señalización de la educación es una externalidad negativa? y para los que no sepan de temas económicos ¿por qué es un disparate que el estado subvencione una externalidad negativa?

R: Quizás calificarlo de externalidad negativa sea excesivo porque una externalidad negativa por definición es un efecto adverso que no se ve reflejado en el precio. La señalización sí se refleja en el precio, en concreto en el precio más caro de la educación. Pero sí que creo que la idea de transmitir que es una externalidad negativa o un efecto negativo, que tiene consecuencias negativas sobre terceros -aunque sea vía precios- sí es relevante. La señalización se refiere al hecho de que una persona estudie y acredite una serie de disciplina, de conocimiento, una diferenciación o una capacidad de diferencia frente a terceros que le permita acceder más fácilmente a un puesto de trabajo o conseguir mejores condiciones laborales. Señalizar es importante en todos los ámbitos de la vida y no es algo que debamos criticar ni oponernos, pero hay que tener en cuenta que cuanto más gente señaliza más cara sale la señal. En la señalización en la educación, el hecho de que todo el mundo tenga un título obviamente resta potencia de señalización a ese título. Esto es un problema que puede tener también un mercado libre educativo y que da igual que sea público o privado porque es un componente de vida en sociedad. Por poner un ejemplo, si todo el mundo vamos con un Ferrari por la calle, los Ferrari ya no son un signo distintivo de nada. O cuando todo el mundo tiene iPhones, pues ya tener uno puede ser útil pero no señaliza nada. Ese efecto dilutivo de la señalización en un sector donde señalizar sea útil, donde no sea simplemente ostentación pura y dura sino que cumpla una función de transmisión de información, puede tener repercusiones negativas. No hay una solución perfecta pero la mejor solución que conocemos es tratar de buscar otros mecanismos de señalización mas baratos, que las señales transmitan al menos conocimientos que sean útiles y no que sean meramente señales vacías de contenido, etc. Pero siendo ésas las ventajas o las maneras de solventar el problema, lo que no tiene sentido es que el Estado subvencione el que la gente pueda comprar a términos absolutamente asequibles la señal sin que haya nada detrás de la señal porque entonces lo que tienes es subvencionar externalidades negativas que impiden que aparezcan nuevos mecanismos de señal porque estás externalizando el coste sobre terceros básicamente y no tienes incentivos para buscar señales más baratas.

P: ¿Qué modelos de educación alternativa crees que triunfarían en un modelo de competencia libre y desregulada?

R: No se sabe. De hecho, parte del encanto que tiene una educación libre es ver qué sale. Sí sabemos que se han descubierto nuevos modelos de educación y podemos pensar perfectamente otros planes de estudio distintos al que nos impone centralizadamente el Estado para todos. Y probablemente veríamos florecer nuevos modelos de enseñanza ya sean el homescholing, que sería quizás también el más radical con respecto al sistema actual; el flexischoling, que es una combinación más intermedia; y luego, ya incluso dentro de las aulas, dentro de la escolarización tendríamos dos métodos, como por ejemplo Montessori, Waldorf, etc. ¿Tenemos certeza de que son mejores? Hombre, hay ciertos indicios que nos llevan a pensar que algunos son mejores que otros pero, aun así, no me atrevo a calificar que sean certezas universales que quepa imponer a todo el mundo en aras del bienestar global. Por eso lo ideal en educación, y en cualquier otro ámbito, es permitir que se experimente y que quien sea más conservador se quede con métodos de probada solvencia, aunque quizás sean menos exitosos potencialmente que otros y que aquellos que quieran asumir algo de riesgo mayor puedan atreverse a lanzarse a opciones educativas más innovadoras; innovadoras, que a lo mejor tienen cien años, pero innovadoras al fin y al cabo porque el sistema público es el que nos ha fosilizado en una educación del siglo XIX.

P: El modelo sanitario americano se pone siempre como ejemplo de la alternativa privada y de lo nefasto que resulta una sanidad privada. ¿Por qué esto no es así?

R: Lo primero, y es un dato que me sorprende que mucha gente no sepa, Estados Unidos gasta más en sanidad, ya no en términos absolutos sino como porcentaje del PIB, que España. Por tanto, decir que en Estados Unidos no hay sanidad pública es falso: hay una sanidad publica en cuanto a gastos más importante que en España.

P: ¿Sobre todo a través de Medicare y Medicaid?

R: Eso es. Da igual que el hospital no sea público, lo que pasa es que el gasto al final esta socializado a través del Estado. Los programas públicos de Medicare y Medicaid son aproximadamente el 45% de todo el gasto sanitario de Estados Unidos. Luego hay otro 45% que, si bien podríamos tildar de gasto privado, es un privado con características perversas que es el gasto a través del seguro. Los seguros son importantes, sobre todo en sanidad. En el libro se explica claramente en qué sentido los seguros son útiles y dónde deberíamos esperar que prosperaran, etc. Pero lo que sucede en Estados Unidos es que, a través de incentivos fiscales perversos – quizás bienintencionados al principio-se ha incentivado que todo el gasto sanitario no público se canalice a través de seguros contratados por el empresario y no por el trabajador. Eso no pasa en ningún otro ámbito y es muy raro que el empresario nos pague el seguro del hogar, el seguro contra incendios, el seguro del automóvil etc. Ese tipo de cosas no pasan salvo excepciones muy concretas y probablemente porque esa empresa tenga algún tipo de comisión de que la aseguradora coloque seguros a través de la empresa pero en general no pasa y no es normal que suceda. En Estados Unidos sucede básicamente porque si tú gastas en sanidad fuera del circuito del seguro contratado por el empresario, te sale el doble de caro con lo cual todo el gasto sanitario privado se intenta canalizar a través de seguro. ¿Qué pasa con el gasto de sanidad canalizado a través de seguro? Que es un gasto que tú puedes canalizar a terceros. Por tanto, tú no tienes ningún incentivo a racionar ese gasto y básicamente lo que sucede en Estados Unidos es que de cada diez dólares que se gastan en sanidad, ya sea a través de aseguradoras o a través del sector público, son gastos que tú puedes hacer que paguen otros por ti. Con lo cual tu incentivo es hiperapalancarte, digámoslo así. En gasto sanitario pagas 1 y gastas 10 pues eso es lo que sucede pero claro, si todos hacen lo mismo, el gasto total se dispara.

P: ¿Cuál es la propuesta de Clayton Christensen de los modelos de hospital?

R: La propuesta de Christensen -profersor en Harvard y probablemente el economista más prestigioso en tema de organización empresarial del mundo actualmente- es una propuesta compleja pero es una propuesta muy interesante. No sólo se refiere a hospitales sino también a la organización del sistema sanitario, de la profesión médica, por ejemplo. Christensen lo que reclama es que haya una disrupción en el modelo hospitalario, entre otras cosas. Disrupción en el sentido de separar el modelo hospitalario en dos o tres funciones que actualmente están concentradas en hospitales y que, por tanto, no permiten una organización del hospital eficiente. Básicamente propone separar lo que serían casas de análisis, que se dediquen a estudiar enfermedades de pacientes que no tengan un tratamiento estandarizado, de lo que vendrían a ser hospitales tipo “cadenas de montaje”, dicho un poco a lo bruto, que es básicamente aquellos tratamientos que estén efectivamente estandarizados y que se le pueda dar un tratamiento automatizado con una presencia de capital físico mucho más que de capital humano. En estos últimos, el precio ya sería un precio cerrado de antemano porque ya sabes perfectamente cuál va a ser tu estructura de costes. De esta forma no tendrías un precio pactado a tarifas, como es el caso de las casas de análisis. En el modelo actual se mezcla todo, tenemos la misma estructura para enfermedades que están estandarizadas que para enfermedades cuyo tratamiento no está estandarizado.

Economistas liberales

P: No es eficiente, ¿verdad?

R: Claro. Pero lo relevante del caso de Christensen, que a mi juicio es una propuesta muy novedosa e interesante y que en algunas partes de la India se ha aplicado en un entorno de libertad logrando rebajas del coste de ciertos tratamientos, con calidad equiparable a la occidental, del 95%, lo que ilustra es la importancia de la experimentación en materia sanitaria. No experimentar en temas de avances médicos, que también ahí la experimentación es básica y si no la hubiera no tendríamos nuevos descubrimientos de fármacos, sino experimentación en modelos de negocio, en modelos de organización de los factores. Eso es lo que falta en la sanidad publica porque el burócrata sólo tiende a reproducir lo que supuestamente sabe, pero hace falta que haya gente que proponga nuevos modelos de negocio y que la gente pueda validar o rechazar esos modelos de negocio. Y eso sin privatizar la sanidad es imposible que surja.

P: ¿Qué solución ofrecería el libre mercado a un padre que tiene un hijo con una enfermedad de las catalogadas raras?

R: El libre mercado puede ofrecer las soluciones que puede ofrecer. Si la amplitud de tu mercado es una aldea de veite personas y ahí tienes una enfermedad que sufre un niño de cada de cada millón, es evidente que no te va a ofrecer ninguna. Ninguna es que el padre lo pague. No hay otra y aunque crees un estado en la aldea no vas a poder redistribuir suficiente renta para cubrir esa enfermedad. Con Estados más amplios, ya las zonas grises van incrementándose y puedes tener enfermedades donde el mercado a lo mejor no te las cubriría porque sigue siendo muy raro, pero como tienes mucha población a lo mejor redistribuyendo la renta entre muchos podría dar soluciones a ese padre. Ahí entiendo que el Estado podría tener un papel si no lo tiene la asistencia social -que yo creo que lo tendría- a la hora de ayudar a estas personas, que por definición son muy pocas. Ahora, ¿cuál es la solución razonable de un libre mercado? Si tuviéramos un libre mercado mundial, por raras que fueran la masa critica sería sustancialmente grande. Y si es sustancialmente grande, ya puedes tener investigación orientada a tratar el caso.

P: ¿Y para aquellos padres que no tengas enfermedades raras pero sí crónicas?

R: Yo creo que se suele producir una confusión entre que una persona pueda tener una obligación con respecto a otra y entre que el Estado tenga el monopolio para detectar esa obligación y para imponer esa obligación. Yo creo que hay ciertas obligaciones que integran o que derivan de ciertas responsabilidades. Y en este caso, la patria potestad no sólo incluye la obligación de alimentar a tu hijo, es decir, de no matarle de hambre. No sólo podemos pensar que incluye la obligación más que razonable de proporcionar una cierta educación a tu hijo. No estoy diciendo que incluya la obligación de proporcionar educación universitaria ni siquiera de escolarizar porque tendrías la obligación de enseñarle a leer y a escribir, aunque fuera en tu casa. Es decir, es más una obligación de resultados que de medios y de resultados tampoco omnicomprensivos, pero sí ciertos resultados básicos y razonables y a mi juicio también integra la obligación de evitar que tu hijo sea presa de ciertas enfermedades. Si tú como padre no tienes capital suficiente para cubrirle cualesquiera enfermedades que le puedan surgir a tu hijo, entiendo que tienes la obligación de contratar un seguro para tu hijo. Eso no significa, primero, que tengas la obligación de contratarte un seguro para ti. Tú eres mayorcito para saber si quieres tener un seguro o no. Pero tu hijo no es mayorcito para poder decidir si quiere tener un seguro o no. Por lo tanto, parece razonable pensar que sí querría, es decir que no querría experimentar riesgos de los que él no se puede proteger de momento. Tampoco significa que haya que pagarle el seguro indefinidamente. Significa simplemente que mientras él no esté emancipado, parece razonable pagárselo. Tampoco tiene por qué ser un seguro de máximos, puede ser un seguro socialmente razonable. ¿Quién decide qué es socialmente razonable o no? Pues ahí hay que ir a los tribunales y los tribunales en función de la equidad, de los usos, de la costumbre deciden y dan una respuesta que no puede ser una respuesta cerrada y universal porque es obvio que el seguro razonable hoy no es el seguro que podría serlo hace cien años ni el que será dentro de un siglo. Entonces, yo creo que el liberalismo puede perfectamente defender que existe una obligación paterna a asegurar a sus hijos, sin que eso implique sanidad pública ni sin que ello implique el gran debate dentro del Obamacare, que ha sido el mandato individual obligando a que todo americano se asegure, porque eso es tratar a todo americano como si fuera un niño. Los americanos y los ciudadanos en general, son mayorcitos para saber si quieren seguro o no. El problema es con los que no son mayorcitos para ello, que son los niños y ahí sí puede haberla. Ese seguro te permite preasegurar al hijo frente al riesgo de que en el futuro desarrolle una enfermedad y, por tanto, de que no tenga medios, ni siquiera para contratándose un seguro, cubrir esa enfermedad.

FIN PARTE II

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