El High Yield es alternativa a la renta variable y no a la renta fija

26 de abril, 2018 0
Gestor de Sicavs, cestas de fondos y de renta variable. España. Analizo los mercados financieros desde una visión global para proporcionar las... [+ info]
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Desde hace tiempo los inversores temen por el estallido de la burbuja de la renta fija, pero quizás sea este año cuando más se está hablando de ello. Ayer vimos que la rentabilidad de los bonos del gobierno de Estados Unidos se encuentra en zona de resistencia tras fortísimas subidas iniciadas en el verano del 2016. La rentabilidad de los bonos a dos años ha pasado del 0.5% al 2.5%, mientras que la del 10 años ha pasado del 1.35% al 3% en menos de dos años. Es decir, hemos vivido un repunte del 2% y del 1.65% respectivamente en menos de dos años y parece que esta semana, que los bonos se encuentran en máximos de los últimos años, es cuando hay que preocuparse de la escalada de la renta fija.

No estamos diciendo que no pueda seguir subiendo, pero lo que está claro es que es bastante menos probable que se repita el movimiento de los dos últimos años. Este repunte de un 2% de la rentabilidad de los bonos ha generado importantes minusvalías en el precio de los bonos. En teoría, cada 1% que suba la rentabilidad de los bonos repercute en un 1% de la caída del precio por cada año de duración del bono. Es decir, para un bono a cinco años, este repunte del 2% debería traducirse en un 10% de caída del precio (2% x 5 años). En el siguiente gráfico podemos ver la evolución de la rentabilidad del bono del Tesoro a cinco años (naranja) frente al principal índice de renta fija de bonos de gobierno de Estados Unidos (azul). La relación inversa comentada es evidente. Pero igualmente se aprecia que esta fórmula teórica de caída del precio se produce cuando el repunte de la TIR de los bonos es vertical y no tanto cuando es muy prolongada en el tiempo.

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En el gráfico hemos señalado que la subida vertical de un 1,2% de la rentabilidad de los bonos del segundo semestre del 2016 se tradujo en una caída del índice del 5,77%. Sin embargo, desde los mínimos del 2016, la rentabilidad de los bonos está un 2% por encima y el precio de los bonos no ha caído un 10%. Y es que el cupón que pagan los bonos amortigua muchísimo las correcciones del precio de los bonos. Así, se aprecia que desde septiembre del año pasado la rentabilidad de los bonos ha tenido un movimiento calcado al comentado en 2016 y, sin embargo, el precio del índice ha caído nada más que un 3,61%. La única diferencia es que en este nuevo repunte los bonos partían de un cupón más alto.

Por tanto, hoy, al partir de rentabilidades más altas, para que se produzcan caídas muy fuertes en los índices de renta fija, se tiene que producir una escalada vertical de la rentabilidad de los bonos. El problema de la renta fija entendemos que podría estar más en los bonos alemanes que en los de Estados Unidos. En Estados Unidos ya están los bonos por encima de las tasas de inflación y claramente descontando las próximas subidas de tipos de interés. Sin embargo, aquí tenemos al bono alemán a 10 años al 0,61% frente a una tasa de inflación del 1,4%, mientras que el  bono a dos años cotiza al -0,55% frente a unos tipos de interés del 0%.

Así pues, en renta fija afecta muchísimo la duración del bono en el comportamiento del precio ante una subida de tipos de interés. Pero también afecta muchísimo el cupón del bono. A la hora de asumir riesgos para obtener más rentabilidad, los inversores tienen dos alternativas: aumentar la duración para buscar tasas más altas (lo normal cuando la pendiente es positiva) o asumir riesgo de crédito, es decir, comprar bonos de peor calidad crediticia. En esta segunda alternativa lo que se suele comprar son bonos basura o high yield.

Pero mucho ojo puesto que los high yield son unos activos que están muy correlacionados con los mercados bursátiles. Hay que tener en cuenta que en el precio lo que se mide no es sólo la evolución de los tipos de interés, sino la probabilidad de que la empresa pueda afrontar sus compromisos de deuda. Así, cuando los resultados empresariales o la situación macro no es benigna, estos bonos caen fuertemente en precio (aumenta la probabilidad de quiebra o default de la compañía). En el siguiente gráfico vemos la evolución histórica de los índices de high yield principales por zonas geográficas (Estados Unidos, Europa y Global) frente a los principales índices comparativos (S&P500, Eurostoxx 50 y MSCI World).

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Son varias las conclusiones del gráfico:

  • La más evidente es la fuerte correlación que hay entre los índices. Es decir, que un inversor que distribuya una cartera entre acciones y high yield pensando que la renta fija lo protege en las caídas del mercado no está reduciendo nada sus riesgos.
  • El high yield a veces es un indicador adelantado. Se giró al alza antes que la renta variable en 2002, y en 2008  y 2007 dio señales de agotamiento antes que la renta variable. Además, en el año 2000 las bolsas subieron muchísimo más que los índices de high yield, por lo que se podría haber advertido señales de burbuja.
  • Y sobre todo a largo plazo, un inversor que hubiese invertido en high yield habría obtenido mayores rentabilidades con menos riesgo que un inversor de renta variable.

A día de hoy la rentabilidad de una cartera de bonos high yield de Estados Unidos con duración de 4,87 años es del 6,31%. En Europa, el índice tiene una rentabilidad del 3,63% con una duración de 3,73 años y el índice global tiene una rentabilidad del 5,86% con una duración de 4,86 años. Evidentemente, en un bono de renta fija high yield se asume el riesgo de impago, pero hay que recordar que en renta variable el riesgo que se asume es mayor (los accionistas están por detrás en la prelación de cobro en caso de quiebra de una compañía).

Pero lo que queremos mostrar en estas claves de hoy es que la deuda high yield es muy buena alternativa a la renta variable a largo plazo. Es decir, si un inversor está dispuesto a asumir un riesgo de renta variable en su cartera del 50%, no estamos defendiendo que distribuya su patrimonio en 50% renta variable y 50% high yield, sino que ese 50% lo distribuya entre estos dos activos. Es más, en vez de asumir un riesgo del 50% en bolsa, podría asumir un 30% en bolsa y otro 30% en high yield. Su cartera sería menos arriesgada y tendría un mayor potencial de revalorización a largo plazo.

En los siguientes gráficos vemos la rentabilidad acumulada a largo plazo de los índices de renta variable por zonas geográficas frente a una inversión del 50% en renta variable y del 50% en el índice de High Yield. Además, la volatilidad se baja muchísimo.

  • Europa. El Eurostoxx está hoy por debajo de los niveles del año 1999 con una volatilidad histórica nada menos que del 21,76%. La cartera 50%-50% habría subido un 115% con una volatilidad del 13.45%.
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  • Estados Unidos. El S&P500 ha subido un 107%  con una volatilidad histórica 17,51%. La cartera 50%-50% habría subido un 190% con una volatilidad del 10,91%.
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  • Global. El S&P500 ha subido un 75%  con una volatilidad histórica 16,83%. La cartera 50%-50% habría subido un 200% con una volatilidad del 10,97%.
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No estamos hablando de comprar un bono en general. Lo más recomendable sería hacerlo a través de un fondo en el que se diversificaría mucho más el riesgo. Estos índices que hemos utilizado tienen entre 600 y 3000 miembros dentro de la composición del mismo.





El artículo original se encuentra en el Blog de Unicorp Patrimonio S.V.

(http://blog.unicorppatrimonio....)

 

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