Deshaciendo España

7 de mayo, 2018 0
Treinta años Economista Titulado del Banco de España. Economía internacional. Autor del blog "Decadencia de Occidente", blog sobre los estragos... [+ info]
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10º en inB
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Esta foto, que tomo del artículo de fondo de Jesús Cacho, es la mejor  expresión de la España de hoy. El artículo es apasionante, pero no tiene en cuenta la España política de hoy. 

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En segundo plano, los que mandan hoy, Rajoy, y riéndose con su cara de “encantado-de-conocerse”, Rafael Hernando, que no se entera de que tiene una bomba bajo el trasero, pero no sólo el suyo: el de todos los españoles, 
En primer plano, Albert Rivera, que podría desbancar a este gobierno que no gobierna, el cual sólo quiere ganar (o perder) tiempo hasta el 2019, año de elecciones autonómicas y municipales. 
Los del fondo dicen que España va bien, la crisis se ha superado, y crecemos a una velocidad de crucero insólita en Europa. Como veremos más adelante, esto es un sofisma. 
Rivera, ¿qué hacer, esperar a que éstos se la peguen en 2019 y sus votos vengan a mí, o retirarles el apoyo parlamentario y convocar elecciones para enderezar los problemas separatistas y de la deuda ya? Esperar supone agrandar y envilecer esos problemas, envenenarlos hasta que sean casi insolubles, y heredar una situación límite. Actuar ahora supone un acto de valentía con riesgos quizás inasumibles por un partido que no tiene todavía hechuras de España. 
La solución al dilema más probable: correr los menores riesgos y esperar a 2019. Nadie te puede echar la culpa de no haber elegido lo más arriesgado, casi nadie. Además, ¿tiene posible conseguir una mayoría mayoritaria, de gobierno? Las encuestas dicen no. ¿Quién sería su pareja de baile? Sospecho que nadie. El PP bajaría mucho, PSOE y Podemos ampliarían sus márgenes, en fin, el caos. Este el fallo más evidente que veo en el artículo citado, que no ve el mapa electoral de hoy en España. A raíces demagógicas que tiene. El que quiera leer más sobre estos, lea a Karl Popper, de quien al final pongo un extracto.
En cuanto a los problemas  aquí a un año y medio, es bien sencillo: casi nadie tiene una idea de los problemas proyectados al futuro. Casi todos están de acuerdo en que suban las pensiones, los sueldos de los funcionarios, que acabe como sea el grano de Cataluña, que Eta ya no es amenaza. 
Los problemas proyectados al futuro son, sin embargo, evidentes: el crecimiento se ha conseguido a base de un aumento de deuda pública, financiada a tipos de interés cero, que no figura en los libros de contabilidad. El año pasado el déficit de las AAPP fue del 3,75%, no del 3,01% anunciado, y en 2019 el déficit va a ser más alto que el proyectado. La deuda crecerá de nuevo. Debido a ello, y al final del QE del BCE, suficientemente anunciado, los tipos de interés crecerán, aumentando el débito por pagos de intereses. La deuda, según el cuadro 2.3a Del Banco de España, es del 129% del PIB, no del 98% reconocido oficialmente. 
El menor crecimiento multiplicará las reivindicaciones de la calle, manipuladas por quien todos sabemos, lo que doblegará de nuevo a este gobierno incapaz de negar lo evidente. Ya se ha doblegado a los pensionistas, rompiendo la reforma que se hizo en 2011 y 2013, y ahora cederá ante los funcionarios, un caladero de votos tan peligroso de desdeñar. ¿Alguien se extraña por las calles llenas de manifestantes todos los días? 
En otras palabras, este gobierno está deshaciendo lo poco que había hecho de cara al futuro de las pensiones, que por lógica aplastante pasa por no subirlas a los pensionistas actuales, e incentivar a los futuros pensionistas a que ahorren más ahora. Es lo básico. 
Este es el dilema de Rivera, que sospecho no tiene la fuerza ni la valentía para pensar como político cuajado. 
Si desbancara a Rajoy, él y sus socios se tendrían que enfrentar a decisiones muy desagradables, que nadie les va a agradecer, y menos el PP, y sobre las que no estarían de acuerdo, además. Las diferencias ideológicas son enormes. Estará solo, bien solo; mejor llegar de solución inevitable en 2019, un año en que habrá elecciones de todo tipo. 
No, vamos a tener a PP rompiendo España para rato. Es lo que hay.

Extracto prometido de Karl Popper:

Como todo el mundo sabe, democracia quiere decir "poder o soberanía del pueblo", en contraposición a aristocracia (poder de los mejores o de los más nobles) y a monarquía (mando de un solo individuo). Pero el significado literal no nos ilumina mucho más. Pues el pueblo no manda en ningún lado: quienes rigen en todas partes son los gobiernos (y, desgraciadamente, también la burocracia, es decir, los funcionarios, y a éstos es muy difícil o incluso imposible exigirles responsabilidades). Encima, Reino Unido, Dinamarca, Noruega y Suecia son monarquías y, al mismo tiempo, muy buenos ejemplos de democracias (con la excepción quizá de Suecia, en donde una burocracia fiscal irresponsable ejerce ahora el poder dictatorial). Todo lo contrario que la República Democrática Alemana (DDR), que se designa a sí misma como democracia, por desgracia injustificadamente.
¿Qué es lo realmente importante, cuál es la cuestión realmente importante?"
"Propiamente, sólo hay dos formas de gobierno: aquellas en las que es posible deshacerse del gobierno sin derramamiento de sangre por medio de una votación y aquellas en las que eso no es possible. Ésa, y no la cuestión de cuál es la designación correcta de esa forma de gobierno, es la cuestión verdaderamente importante. Normalmente a la primera forma se la denomina democracia y a la segunda dictadura o tiranía. Pero en este momento no se trata de debatir palabras (como DDR). Lo decisivo es únicamente la destituibilidad del gobierno sin derramamiento de sangre.
Hay procedimientos distintos para llevar a cabo esa destituibilidad. El procedimiento mejor es el de la votación: unas nuevas elecciones o un voto de censura en un parlamento elegido democráticamente pueden derribar a un gobierno. Eso es lo realmente importante.
Es, por consiguiente, falso poner el énfasis (tal y como se hizo desde Platón hasta Marx, y como se ha seguido haciendo posteriormente) sobre la pregunta: "¿Quién debe gobernar? ¿El pueblo (la plebe) o los mejores? ¿Los (bondadosos) trabajadores o los (malvados) capitalistas? ¿La mayoría o la minoría? ¿El partido de izquierdas, el partido de derechas o el partido de centro?". Todas esas preguntas están planteadas de una forma equivocada. Pues, mientras sea posible deshacerse del gobierno sin derramamiento de sangre, la cuestión realmente importante no es quién gobierna. Todo gobierno derribable estará muy fuertemente interesado en comportarse de tal forma que la gente esté contenta con él. Y ese interés desaparece en el momento en el que el gobierno sabe que no es tan fácil deshacerse de él."

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