Déficits. Determinantes. Ahorro

12 de agosto 0
Treinta años Economista Titulado del Banco de España. Economía internacional. Autor del blog "Decadencia de Occidente", blog sobre los estragos... [+ info]
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Como nos explica Charles Wyplosz aquí, los déficits exteriores (y sus correspondientes superávits de otros países) no están más que muy débilmente causados por la competitividad. Sus verdaderas causas son financieras, y reflejo de que hay países que ahorran más que otros (o hay países que gastan más que otros), por mucho que se ajuste la competitividad.

España puede hacer grandes esfuerzos en aumentar su competitividad, que si Alemania y los demás países deciden no gastar - ahorrar - en productos españoles, nunca se corregirá el desequilibrio que hay entre ambos lados.

El problema es financiero, de sostenibilidad financiera. Como dice Wyplosz, Australia está en déficit exterior de un 4% de PIB desde 1975, y apenas ha sido arañada por la crisis. Mientras Australia sea capaz de crear rentabilidad de sus inversiones por encima del coste de intereses que le supone la financiación externa de ese déficit, su deuda exterior no crecerá, porque todos los años devolverá lo que ha tomado prestado para explotar sus grandes recursos mineros. En suma, Australia es un país competitivo con déficit permanente, porque financieramente es viable.

En la contabilidad de una unidad económica, y por lo tanto de un país, hay cuatro cuentas fundamentales que están interrelacionadas:

1) - La cuenta de operaciones corrientes, o de ingresos y pagos generados por operaciones de compras y ventas en el periodo.

2) - La cuenta de operaciones de capital o inversión, es decir, las operaciones con proyección a largo plazo de inmovilizado con rentabilidades posteriores al periodo.

3) - La cuenta financiera, en la que se casan los créditos y débitos generados porque las operaciones en las dos otras cuentas no se liquidan en el periodo.

4) - La cuenta de entradas y salidas de liquidez. Los asientos de esta cuenta llevan signo contrario de manera que la suma algebraica de todas ellas sea cero.

Si un país compra determinado producto al contado, esto sólo se refleja en la cuenta corriente, como importación, y en la de liquidez (como pérdida), que es la que cierra las tres primeras cuentas descritas. Pero si ese mismo producto - por ejemplo, una tuneladora para hacer un túnel - se paga por crédito bancario, por leasing, o cualquier forma que no sea al contado, dará origen a diversos asientos que se reflejarán en las tres cuentas descritas.

La tuneladora será registrada como importación en la cuenta corriente. A su vez, aparecerá en la cuenta de capital como un bien de inversión, que dará lugar a un débito financiero y a una serie de pagos aplazados al acreedor o prestamista. Como es lógico, una exportación similar dará lugar a asientos contables de signos opuestos.

La suma agregada en cada uno de las cuentas dará un saldo con un signo, la suma de los cuales es por definición cero. Así, la importación, que se registrará com signo negativo en la cuenta corriente, aparecerá con signo positivo en la cuenta de capital. En la cuenta financiera aparecerá como un débito, al que habrá que hacer frente con las devoluciones periódicas al acreedor, que aparecerían en el saldo de liquidez como negativo o salida de ingresos.

Esto quiere decir que el saldo de cuenta corriente, que es lo que se analiza cómo el saldo exterior, es uno más de las operaciones exteriores y es siempre más dependiente de las demás operaciones que de la competitividad. Porque las operaciones de capital, y financieras son autónomas, y se mueven no en función de la cuenta corriente, sino que esta viene frecuentemente decidida por las cuentas financieras y de capital.

Es más decisivo para el saldo de cuenta corriente las decisiones de consumo, ahorro, e inversión, y las decisiones financieras, que pueden ser exógenas al país.

Si un país decide ahorrar más de lo que consume sistemáticamente, como hace Alemania, tendrá un superávit permanente. Este superávit recaerá en manos de los bancos y otras entidades financieras, que lo prestarán por ejemplo a Australia, cliente que hemos visto es muy sólido y fiable. O lo prestará por ejemplo a Grecia, que ha sido un país sistemáticamente deficitario por exceso de consumo, por lo que no ha sido capaz de generar renta suficiente para devolver los préstamos recibidos, lo que le ha hecho acumular una deuda insostenible con las consecuencias traumáticas que conocemos.

Todo esto quiere decir que la suma agregada de los saldos mundiales de cuenta corriente es cero, y que si hay grandes déficit y superávit es por decisiones autónomas que a veces puede controlar un pais, y otras no. Grecia no puede influir en el superávit alemán - no puede convencer a los alemanes que consuman más en turismo griego -, y los alemanes no pueden convencer a los griegos que no compren tantos Mercedes. Sólo hay una variable que podría suavizar y modificar estas decisiones, y equilibrar las cuentas, que es una devaluación del Dracma y una revaluación del Marco alemán, pero ya no existen desde que está el euro.

Ergo, en un sistema monetariamente cerrado, como el euro, no hay variable de coordinación de decisiones exógenas, como lo es el tipo de cambio. Los desequilibrios financieros sólo se pueden reajustar mediante decisiones internas sobre el ahorro y el consumo, con resultados a veces muy traumáticos, porque la población no es consciente de la necesidad. Además, no hay garantías que los paises acreedores actúen en sentido contrario. Es más, cuando se lanzó el euro, se estuvo pensando en dejar de calcular las balanzas de pagos, pues se pensó - erróneamente - que al ser una zona monetaria única ya no habría problemas: los desequilibrios serían como los internos de un país, cuando resultó ser todo lo contrario. El euro no cumplía con las condiciones de un Área monetaria óptima, entre otras razones porque la movilidad de trabajadores es más limitada que la que existe dentro de un país. El éxodo masivo de trabajadores a las zonas superávitarias reequilibrarían las cuentas por varios canales: se reduciría el consumo del país, los emigrantes enviarían remesas a sus familias en una moneda revaluada (ingresos exteriores), que serían invertidas en capitales productivos.

Con todo, no hay que olvidar que la movilidad que hubo en los años sesenta de trabajadores españoles a Alemania no fue incompatible con ajustes importantes de la peseta - matizados por los efectos descritos de las remesas de emigrantes, que fortalecen el tipo de cambio. Hoy no se ha dado ninguna de las dos vías de ajuste.

¿Y qué pasa con las inversiones exteriores, otro canal de ajuste importantísimo? Pues que ahora funciona al revés: las empresas españolas han preferido invertir en el exterior, lo que ha hecho de algunas grandes multinacionales, pero lo que necesitaba España era lo contrario: entradas de ahorro, no salidas. Este es otro capítulo, que necesitaría un artículo para él solo.

En suma, yo no llego a las mismas conclusiones que Wyplosz. Sigo considerando el tipo de cambio un canal de ajuste decisivo, y ciertamente la Zona Euro no es ni mucho menos un Área monetaria óptima, lo que le impide funcionar con la suavidad de un país en el que la gente se mueve libremente - y mueve sus ahorros libremente - a dónde hay más trabajo. Lo que quiero decir es que las barreras del idioma y culturales son muy importantes, y no se tuvieron en cuenta en la frivolidad general con la que se estableció el euro. No creo que los problemas del euro se hayan acabado.

Y no es que la flexibilidad del tipo de cambio actúe sólo sobre la competitividad. Actúa mucho más decisivamente por la vía de inversión y financiera, al abaratar o encarecer los bienes de capital del país deficitario.

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