De Adam Smith a Keynes. Las raíces del populismo

22 de noviembre 4
Treinta años Economista Titulado del Banco de España. Economía internacional. Autor del blog "Decadencia de Occidente", blog sobre los estragos... [+ info]
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1º en inB
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Tendemos a pensar que la economía es una ciencia de la sociedad superior a las demás, “por su exactitud matemática y rigor empírico”. Desde los marginalistas del XIX, se ha ufanado en descubrir cosas deductivamente que luego eran contrastables con la realidad. Según esta opinión, poseemos una bola de cristal que emite hipótesis certeras sobre la economía y qué se puede hacer desde el poder.Esto, desgraciadamente, es insostenible. Como nos dijo Keynes, la Economía no es ni nunca será una ciencia exacta del rigor y y seguridad de, por ejemplo, la Física. Lo decía un buen matemático que escribió un tratado sobre la probabilidad sobre en el que luego fundó su teoria de la incertidumbre. 
La economía depende de demasiados factores institucionales y del momento histórico. Es irremediablemente circunstancial. Derivar de ahí un comportamiento  económico de los seres humanos con características de ley, como en la Física, es una llamada a ser engañado y engañar. 
El comportamiento humano a los largo de los siglos ha tenido condicionantes variables, como la Religión, las Leyes, las Instituciones y las Costumbres, por citar los más destacados. Como se puede leer en el Antonio Escohotado’ “Los enemigos de comercio”, a lo largo de la Historia los humanos han tenido muy distinto comportamiento económico. 
Se puede distinguir entre épocas muy frecuentes en que las religiones y el poder absoluto han coartado lo que predice la Economía ortodoxa. Ésta sólo es válida para raras situaciones en que se ha permitido la libertad de comercio, que por otra parte no ha sido completa más que en muy raras ocasiones. 
Creo que llega más lejos y está más vigente Adam Smithª que sus sucesores, pesar de su errónea teoría del Valor Trabajo. Sobre esto tenían razón los marginalistas, pero la visión de Smith tenía más que ver con la realidad que los desarrollos posteriores del Equilibrio General, que exige unas condiciones, no todas expuestas, totalmente fantasiosas.  
Keynes vino a poner un poco de realismo, pero sus sucesores, en vez de pulirlo y potenciarlo, se empeñaron (Hicks, Samuelson, et al) en fundir su modelo con los neoclásicos, lo que devaluó el mensaje de Keynes - que por cierto, no era perfecto. 
Keynes fue una revolución frente a lo que él llamaban los clásicos, para los que el dinero era un velo invisible que facilitaba las transacciones, pero no tenía efecto reales: se asumía la la Ley inmutable de Say, que explicaba que, salvo en unas pequeñas cantidades para hacer frente a los pagos próximos, no tenía sentido atesorarlo, pues no rendía nada. Este dinero estéril volvía al mercado de bienes, servicios o financieros, para obtener un rendimiento. El dinero no tenía efectos reales.
Keynes demostró que la demanda de atesoramiento era la demanda de un activo que no tendría renta, pero tenía algo tan importante como liquidez, a veces muy buscada cuando la incertidumbre (otra aportación de Keynes), subían inesperadamente. Se podía desencadenar un pánico y una venta masiva de activos y retirada de depósitos para recuperar una liquidez y hacer frente a las deudas, sobre todo en fases de gran apalancamiento. Cuando el Patrón Oro (XIX-1929), los bancos centrales tenían como objetivo mantener su paridad divisa-Oro, y en esos pánicos debían subir drásticamente los tipos de interés para cortar las demandas de oro en el banco central, pues se podían quedar sin él. La moneda se devaluaría marcadamente. Esto sería una crisis nacional que haría temblar desde el gobierno a los bancos, arruinaría a los ahorradores, y ofrecería un negro futuro, pues lo primero que se intentaba era volver al patrón oro. Llenar de nuevo las arcas de oro exigía una contracción monetaria y unos niveles de tipos de interés que hundía la economía real y el empleo. 
Este tipo de crisis y soluciones erróneas se vivieron durante el patrón oro en el XIX, pero sobre todo en la gran crisis los años 1929-33. Sólo cuando llegó Roosevelt al poder y suspendió la paridad oro-dólar, que se devaluó drásticamente, bajaron los tipos de interés y se recuperó la economía. Le siguieron otras naciones con igual resultado. De 1929 a 33, la deflación y el paro llegaron a niveles nunca vistos.
Con todo esto quiero decir que el mensaje de los economistas matemáticos atemporales, para llegar a su formulación hacen supuestos tan heroicos que se desprenden de la realidad, levitan, y llegan a conclusiones tiradas por los pelos. Los humanos tienen un comportamiento económico fundado en en creencias irracionales tanto o más que racionales. El racionalismo exagerado ha falseado la economía, por muchos nobles objetivos que tuviera.
Adam Smith al menos no llegó tan lejos, y algunos de sus resultados son hoy plenamente vigentes, aún dada la precariedad de su teoría del valor y del dinero. 
Smith tenia en cuenta las instituciones. Creo que Smith no hubiera admitido, si viviera, la Globalización, que ha sido una aplicación extrema y utópica de la economía matemática, llegando a la entrega gratis de nuestros mercados a potencias enemigas, gracias a eso enriquecidas y rearmadas. En el modelo no se tuvo en cuenta los efectos geoestratégicos. EEUU y Europa se han debilitado por eso frente a su peor enemigo: el que no cree en la libertad. Las ideas de los economistas matemáticos seguidas por unos políticos ciegos han tenido y tendrán consecuencias futuras. 
La que han tenido ya es empobrecer, marginar, a un grupo social desesperado que ha cambiado su voto por el populismo de uno u otro pelaje. Son los trabajadores sin cualificación, desprotegidos ante los bajos salarios forzosos de China. Meloni en Italia o Trump tienen una base electoral que sigue aumentando. García Domínguez explica en el “The Objective” que son los asalariados más bajos con 18mil $ año de media, frente a los 45 mil o más que percibe la clase media de titulados y cualificados, de momento no mellada. Pero Trump puede volver a ganar. 
Culpen a la pretenciosa “Ciencia económica”. 

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Este artículo tiene 4 comentarios
Todo empezó cuando aprendimos a contar con los dedos , descubrimos que teníamos 5 dedos en cada mano , y aparecieron las matemáticas como ciencia exacta ... y las llevaron a la economía .. en fin apareció la cuenta de la lechera todos influenciados con el cuento mientras no se rompa el cántaro va funcionando , pero está condenado a romperse ...y empieza los cabreos de otros más listos que también tiene su cuenta de la lechera hasta que se rompe , digamos que vamos avanzando rompiendo cántaros ....jajajs
24/11/2022 11:14
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