Les aconsejo que no se pierdan el artículo que con ese provocador título publica Gabriel Tortella, en El Mundo de hoy. Un artículo que denuncia que, recuperada cierto entusiasmo hispanofilo, gracias a los secesionistas -que no se esperaban esta reacción -, no vayamos a olvidar que en nuestra historia hay muchos puntos fallidos que han tenido consecuencias hasta hoy. Ni la leyenda negra es cierta, pero tampoco nuestra historia es un cuento de hadas sin agujeros, de una blanca tersura. Me ha hecho recordar el curioso libro de Julián Marías, “España en su Historia”, demasiado optimista, pero que en su primera parte tenía razón: España fue grande - y colaboradora de Europa - mientras creció, hasta que llegaron los Austrias. Es decir, la culminación de un gran proyecto coincidió con los Reyes Católicos. Un país pujante, la primera nación de Europa, que descubre un Nuevo Mundo, y es respetado por lo que en aquel tiempo eran respetados los paises. Por su eficiencia militar, su sabiduría política, encarnada en unos reyes diestros en el gobierno y en la elección de sus servidores, alabados por muchos comentardores, como Maquiavelo y Castiglione, admiradores de la sagacidad política de Fernando y de la famosa Corte de los Reyes Católicos. .. Entonces llega Carlos I y España empieza a morir de éxito, de grandeza, que nos descapitaliza financiera y humanamente, que nos exige unas actitudes culturales ya periclitadas en el mundo... si España no fue la primera en tener Inquisición, fue la última en suprimirla. Desde aquí estoy de acuerdo con el recuento minucioso que hace Tortella de nuestros fallos, nuestras quiebras, nuestras pérdidas de población, por mantener un Imperio que se había formado por matrimonios monarquicos aleatorios. Esto exige grandes expolios en las nuevas tierras para financiar guerras perdidas de antemano, por mantener “La Grandeza” en Europa, lo que acaba en desastre en el siglo XVII. La llegada de los Borbones levanta un poco la situación entre Felipe V y Carlos III, pero luego sobrevienen caídas y recuperaciones en una línea tendencial algo disparatada, con unas guerras Carlistas extemporáneas en una Europa que ya se recuperaba de las guerras napoleonicas, que en España fueron especialmente sangrantes y devastadoras. Pero el Carlismo impidió que se orientaran los esfuerzos hacia la modernización durante medio siglo. Esas excentricidades no fueron las últimas - basta recordar el empeño de los socialistas de implantar una República sovietica, y la guerra civil. Ahora hemos recuperado una propia estimación, un entusiasmo, lo que es bueno. Los derrotistas y los golpistas están arrinconados. Esperemos que seamos capaces de enderezar el rumbo hacia la normalización democrática. Necesitaríamos otra clase política, pero en fin. Quizás seamos capaces de crearla.
Del blog original “La Decadencia de Occidente” www.miguelnasacues.com
Identifíquese ó regístrese para comentar el artículo.