Contra el pánico

26 de junio 0
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¿Cuál es la mejor opción para un mamífero pequeño acosado por los depredadores? Huir, tratar de sobrevivir, defender la propia vida. El que lo consiga tendrá de premio más opciones de reproducción y transmitirá genes de expertos en huidas.  

Y hay más, si con tanto miedo caemos en el pánico podemos quedar petrificados, “haciéndonos el muerto” por si cuela y así pasar desapercibidos.  

En nuestro cerebro humano tenemos atornillados estos mecanismos de respuesta rápida. No hay que pensar, en eso se tarda mucho, hay que actuar como reflejo ante un estímulo. El animal que nos habita actúa por su cuenta.  

Esto nos hace comportarnos como esquizofrénicos en el mundo de la inversión, somos sombrereros locos, pollos sin cabeza, histéricos efusivos y deprimidos.  

El miedo a perder es un sesgo psicológico más importante que la satisfacción de ganar. Ganar es conseguir la meta en el camino trazado o algún favor del azar, pero perder es estar a merced de factores exógenos que nos asolan. Solemos atribuir las ganancias a lo listos que somos, al resultado natural de nuestras decisiones y actuaciones, pero las perdidas tienen culpables incontrolados, los otros, los factores naturales, la mala suerte… La incertidumbre nos acongoja y nos acojona.

Soportamos tan mal la incertidumbre que rellenamos nuestra ignorancia con creencias y mitologías. De todo tipo, desde fruslerías de andar por casa tipo “lo que sube luego baja”, que es evidente en algunos asuntos, pero no extrapolable como ley, hasta la creación de seres sobrenaturales que estipulan nuestros designios.  

Y por si esto fuera poco ahí está también activo nuestro instinto gregario, nuestro comportamiento ovino de seguimiento del rebaño. Es desesperante equivocarse pero aún lo es más hacerlo solo. Somos hijos de las manadas, cardúmenes, bandadas.... las modas de todo tipo lo atestiguan.

El último en huir puede palmar, con lo que se acelera el movimiento.  

Así arrastramos nuestra psicología antigua, muy buena para sobrevivir y reproducirse, porque cuando hemos llegado hasta aquí es porque hemos tenido éxito, pero muy mala para la ponderación racional de los factores que determinan el acontecer económico general y financiero en particular.

Además, el dinero, aun siendo una abstracción, representa cuantitativa y cualitativamente a las cosas a las que podemos acceder para satisfacer nuestras necesidades y apetencias, por lo que somos especialmente sensibles con esto.  

En esta crisis lo hemos vuelto a ver: miedo y pánico. ¡A huir!

Y con esos altavoces instantáneos que la tecnología nos ha dado las estampidas de masas ruidosamente desinformadas acrecientan la ola de cualquier locura. Aumenta la brusquedad y volatilidad de los comportamientos, aparecen los chamanes y hechiceros de la tribu vaticinando el fin del capitalismo, el fin de la historia, de la civilización…  

Nos queda lo de siempre, aguantar con la paciencia, aliarnos con el tiempo, soportar la soledad de nuestros propios postulados, seguir estudiando procesos estructurales, situaciones dinámicas y comportamientos humanos que guíen nuestras decisiones.  

Y buscar, por qué no, referentes intelectuales y emocionales donde apoyarnos. Estoy hablando de personas. Siempre hay alguien por ahí por quien merece la pena seguir esforzándose.

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