El Fabuloso Mundo del Dinero y la Bolsa

Autor: Andre Kostolany
Andre Kostolany especuló en los mercados bursátiles durante más de 7 décadas. Este es uno de los libros que mejor resume su filosofía.
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Estupendo libro con muchas e importantes enseñanzas. Personalmente lo disfruté más la segunda vez que lo leí unos años después de empezar en los mercados. Al releerlo me di cuenta de las grandes verdades que se mostraban en esta obra. Especialmente interesante es la metáfora que hace entre el "perro" y el "amo" con "la bolsa" y la "industria" o estos tres párrafos que siempre tengo presente:

"Resulta extremadamente difícil, sobre todo para un especulador relativamente inexperto, actuar y comprar en contra del consenso general cuando los colegas ,los amigos, los medios de masas y los expertos aconsejan vender.

Incluso aquéllos que conocen esta teoría y desean seguirla cambian su opinión en el último momento bajo la presión de la psicosis de la masa y dicen: "Teóricamente debería entrar ahora, pero esta vez la situación es diferente". Más tarde se confirma que también esta vez hubiera sido mejor actuar "anticíclicamente".

Hay que entrenar mucho, ser frío e incluso cínico para eludir la histeria de la masa. Ésta es la conditio sine qua non para el éxito. Por este motivo solo una minoría especula con éxito en la bolsa. Por lo tanto, el especulador debe ser valiente, comprometido y sabio. Incluso debería ser arrogante. Debería decirse a sí mismo: "Yo lo sé y todos los demás son tontos"
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Excelente, libro que he leído en dos ocasiones, está repletos de frases míticas como que el dinero ganado en bolsa es el salario del dolor o que el que especula es un noble.
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Se trata de un libro sobre mercados, pero bien podría considerarse una obra literaria por las numerosas y amenas historias que cuenta Kostolany. El autor demuestra gran sabiduría y nos deja grandes metáforas para entender las cuestiones más básicas de los mercados. Al párrafo que ha destacado Hugo me gustaría añadir estos otros dos que impresionaron:

"Junto a los análisis de los gráficos, existen los análisis por ordenador. Continuamente veo con desaliento y sorpresa desagradable cómo diversas agencias de publicidad, directores de carteras de valores o analistas se jactan de que en su trabajo se dejan guiar por las predicciones de los ordenadores. De momento, a esa jactancia sólo puedo responder con un chiste: le ofrezco al ordenador los datos de una embarcación: eslora 36 metros, manga 7 metros, calado 0,7 metros y altura del mástil 5 metros. El ordenador tiene que decirme cuál es la edad del capitán. Si me diera una respuesta exacta y correcta acabaría convencido. Hasta que no ocurra así me conformo con mi ordenador privado: mi cabeza, con la cual me siento más seguro. Yo podría calcular la edad del capitán, no ciertamente deduciéndola de las características del barco, sino porque lo iría a ver, hablaría con él unos minutos y observaría sus ojos y sus manos"

"Quiero decir con ello que, finalmente, todo ocurrirá como debe ocurrir. Dos por dos son cuatro sólo como resultado final. Pero no llegamos a ese resultado final por un camino recto sino dando un rodeo. Mi lema es: en principio las cosas suceden de modo distinto, y sólo al final ocurren como se había previsto lógicamente; es decir, dos por dos son cinco (falso) menos uno (todo queda en perfecto orden). Este axioma diferencia incluso al arte de la ciencia porque un trabajo científico no podría utilizar tal sistema de igualdades. En el terreno científico dos por dos tienen que ser cuatro inmediatamente. cuando un ingeniero construye un puente sus cuentas tienen que ser matemáticamente exactas. Si se construyera ese puente de acuerdo con la fórmula 2 x 2 = 5 - 1 se derrumbaría con el 5 antes de llegar 4. Y de ese mismo modo se derrumbará el especulador (en el ominoso 5) si no tiene el suficiente temple, paciencia y, sobre todo, el suficiente dinero para esperar hasta que llegue ese indispensable "menos uno". Por desgracia, los especuladores no tienen a menudo - o, mejor dicho, casi nunca - el temple y el dinero suficientes para resistir. Como consecuencia, al final conservan la razón de su lógica, pero ya no pueden aprovecharse de ella"
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