Patrick Bologna: El famoso y anónimo limpiabotas de Wall Street

12 de diciembre, 2012 Hugo Ferrer 0

¿Se puede ser famoso y anónimo a la vez? Sin duda y Patrick Bologna lo fue. Si les digo ese nombre, lo más probable es que la primera imagen que se les venga a la cabeza, es la de la salsa boloñesa. Pero si les digo que probablemetne es el sujeto que dio origen a una famosa cita bursátil, la historia cambia:

"When beggars and shoeshine boys, barbers, and beauticians can tell you how to get rich it is time to remind yourself that there is no more dangerous illusion than the belief that one can get something for nothing"

Que se puede traducir como: "Cuando los mendigos, los limpiabotas, los peluqueros y la esteticien te hablan de como hacerte rico, es el instante en el que tienes que recordar que no hay momento más peligroso para pensar que puedes obtener algo a cambio de nada"

Frase, que con el tiempo ha sido simplificada de esta manera:


"Cuando hasta el limpiabotas habla de bolsa, es tiempo de vender"


Cita que se atribuye erróneamente a diferentes personas, pero cuyo autor fue Bernard Baruch y también se le puede atribuir a Joseph Kennedy, el padre del presidente de los Estados Unidos, que fue un ávido especulador y tuvo una experiencia similar a la de Baruch. Leyendo estos días el libro "100 Minds That Made the Market" (algo así como "100 mentes que forjaron los mercados") me he encontrado esta historia y, como me ha gustado tanto, me he permitido traducirla. Ahí va:

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Cuando Estados Unidos estaba completamente enfrascada en el gran rally bursátil de finales de los felices años 20, los consejos o soplos bursátiles sobre que acciones comprar o vender, eran una constante en el metro, las peluquerías, taxis, supermercados, salas de bailes y restaurantes. Estaban en todos lados y todo el mundo tenía un soplo o chisme bursátil que quería compartir con los demás. Esta salvaje fascinación del público por el mercado de valores, como Wall Street comprendería a posteriori, sería la mejor señal del inminente crash bursátil que estaba a punto de ocurrir en 1929. Pero muy pocos entendieron esto a tiempo.

Patrick Bologna, autoproclamado como "El Limpiabotas de Wall Street", para un puñado de especuladores muy perspicases, personificó ese loco fervor del público por las acciones. Bologna, en su servicio de limpieza cerca del número 60 de la calle Wall Street, ofrecía a sus clientes algo más que brillo en sus botas a cambio de 10 centavos. Cuando uno se sentaba en su silla, aparte de lo esperado podía recibir, si se deseaba, una buena retahíla de consejos bursátiles para comprar o vender ésta o aquélla acción. Y por si fuera poco, la información confidencial que los ejecutivos de Wall Street le confiaban cuando se sentaban en su silla, se convertía en nueva y jugosa información que Bologna transmitía a los demás clientes. Las fuentes de Patrick Bologna venían de hombres prominentes en los mercados como Charles Mitchel, "Sell ´Em Ben" Smith o William Crapo Durant. Y si alguno de estos conocidos personajes alguna vez le pasaba a Bologna una información interesante, éste se encargaba de difundirla ampliamente entre toda su clientela, que se incrementaba a medida que se expandía su fama. No pasó mucho tiempo, hasta que por un solo consejo bursátil, Bologna ganara más en 5 minutos haciendo de asesor financiero, que limpiando botas sucias todo el día. 

Y no conformándose con ese dinero extra que hacía, decidió invertirlo en bolsa siguiendo los mismos consejos bursátiles que daba. Suya es la frase "mi dinero siempre se queda en esta calle, es el mejor lugar del mundo donde puede estar".

Según la leyenda, uno de esos soplos bursátiles hizo desencadenar en Joe Kennedy, un irrefrenable interés por vender todas sus posiciones bursátiles unos meses antes (algunas referencias dicen días) de que aconteciera el más famoso crash de todos los tiempos, el de 1929. Una mañana, mientras Joe Kennedy iba calle arriba en Wall Street se dio cuenta que Bologna no tenía clientes en ese momento y que andaba ojeando el Wall Street Journal. Aprovechando el vacío, se sentó en la silla de madera y posó su zapatos en el reposapiés mientras Bologna dejaba el periódico a parte y tomaba sus cepillos. Tras un saludo cortés y mientras Bologna sacaba lustro a los zapatos de Kennedy, el italoamericano le preguntó a Joe si deseaba un buen soplo bursátil, a lo que Kennedy asintió.

Bologna le aconsejó a Kennedy "compra petroleras y ferrocarriles, van a subir hasta el cielo, un tipo que estuvo aquí esta mañana me ha dado esta información con muchos detalles confidenciales". Tras acabar con la limpieza y los consejos, Kennedy le dio las gracias a Bologna, le dio un cuarto de dólar y se fue pensando que si un chico que limpiaba botas andaba ofreciendo predicciones, aquéllo solo podía significar que el mercado estaba fuera de control. Esa misma noche, Kennedy le contó a su mujer que iba a empezar a vender todas sus acciones y que lo haría rápido. Leyenda o no, lo cierto es que Kennedy mantuvo su fortuna intacta a lo largo del crash de 1929 y su consiguiente mercado bajista. De hecho, no solo la mantuvo intacta, sino que la incrementó apostando a la baja a medida que los precios descendían más a lo largo de aquéllos terribles meses del principio de la Gran Depresión.

Bernard Baruch, tuvo una experiencia parecida que también le llevó a salirse del mercado y a hacer apuestas bajistas a medida que la bolsa se hundía. Una frase que decía Baruch, es ilustrativa: "Cuando los mendigos, los limpiabotas, los peluqueros y la esteticien te hablan de como hacerte rico, es el instante en el que tienes que recordar que no hay momento más peligroso para pensar que puedes obtener algo a cambio de nada".

Y si estos ilustres especuladores vieron incrementada su fortuna, Bologna perdió todos sus ahorros durante el crash de la bolsa, unos 8,000 dólares o unos 100,000 dólares según el poder adquisitivo de 1982, año en el que dio una entrevista a la revista Forbes y en la que respondió a la pregunta de qué hizo tras perder todo su dinero, diciendo: "Tenía 21 años. Me cogí una borrachera ¿qué más podía hacer?"

Bologna, que había estado especulando con márgenes (apalancamiento financiero), recuerda perfectamente como fue el famoso Jueves Negro: "A las 10 de la mañana la gente estaba allí como todos los días mirando a las cotizaciones, pero antes del inicio de las caídas, el ambiente era muy silencioso. Era el silencio antes de la gran huída que comenzaría en ese preciso momento". A las 10.50 Bologna se dirigió a su intermediario (broker) para ver cual era la situación de sus posiciones, pero no pudo hablar con nadie ya que las oficinas de su broker estaban atestadas de gente en un estado emocional muy nervioso y que intentaban a la vez vender sus participaciones.

Bologna decidió volver a su puesto de limpiabotas sin realizar ningún cambio en sus posiciones tras recordar las palabras de su ídolo Charles Mitchel: "un hombre sabio nunca vende a la primera señal de problemas, eso es de roñosos". Charles Mitchel no solo era su ídolo sino que además era el hombre que dirigía el National City Bank en el que Bologna había invertido fuertemente. 

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Bologna también recuerda que al siguiente lunes, mientras viajaba en el metro, el humor del público había mejorando sensiblemente con respecto al viernes anterior. Muchos periódicos hablaban de una operación de rescate por parte de los bancos, y la gente se reía de que los poderosos y los ricos se habían empobrecido o ido directamente a la bancarrota. Pero cuando llegó a la calle Wall Street, no fue precisamente una algarabía lo que encontró, sino un ambiente de funeral con nuevas y potentes caídas. El martes, según Bologna, "la gente que había soportado el crash del jueves y que de nuevo habían sido golpeados el lunes, no pudieron más y llegaron al límite de sus resistencias". Ese mismo día fue el día en que Bologna también se rindió, pudiendo sacar solamente 1,700 dólares de los 8,000 que llegó a tener sobre el papel. 

Nacido como Gennaro Pasquale Bologna en 1907, en el bajo Manhattan, el bajito pero corpulento Bologna, continuó toda su vida como limpiabotas. Según el, las cosas no fueron nada mal durante la Gran Depresión, "la gente no podía comprarse zapatos nuevos cada poco tiempo, así que se preocupaban de cuidar mejor los que ya tenían".

Aunque humillado por el mercado, Bologna nunca lo abandonó, bien al contrario, se convirtió en un personaje enigmático en Wall Street que distribuyó una newsletter bursátil con tono burlón a lo largo de 40 años (1940-1980). Sus comentarios a veces solo eran rimas facilonas, pero otras veces esas rimas parecían rezumar un conocimiento muy sagaz. En una de sus newsletters de 1966, justo antes de que la Reserva Federal empezara a manipular la economía mediante la oferta monetaria dijo:

“For if you want to stay ahead, keep 
one eye on the Fed"


(En inglés, una rima que significa: si quieres saber que va a ocurrir, pon tus ojos en lo que haga la Reserva Federal).

Bologna, fue la personificación del llamado en inglés "hot tip" (castellanizado podría ser "soplo bursátil"). Y los soplos son propios de las masas que siempre se equivocan en los grandes puntos de giro del mercado y están en lo cierto en mitad de un movimiento, pero que al final el resultado global es por debajo de la media.

Nunca hubo un soplón con mayor impacto que Patrick Bologna, aunque nadie recuerde su nombre. Mucha gente ha escuchado de primera mano que Baruch o Kennedy tuvieron una relación con un limpiabotas que les hizo meditar y pensar a la contra de los tiempos. Pero es materialmente imposible saber si el limpiabotas, efectivamente era Bologna. En todo caso, lo que nos enseña la parte constratada de la vida de Bologna, es que el dinero fácil, simple y llanamente, no existe.

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