España es diferente

2 de diciembre, 2015 0

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Forma parte de Europa desde el 12 junio de 1985 en que ingresó en la Comunidad Económica Europea pero todavía va a su bola.

Mientras los niños crean que copiando los exámenes serán buenos médicos y reconocidos arquitectos porque habrán sacado un cinco o un seis en el examen de Lengua castellana vamos mal. No, fatal.

Las normas se incumplen y no pasa nada. O mejor no les pasa nada a los que las incumplen. Porque incumpla Usted una norma y tendrá el peso de la ley encima suyo como si fuese un yunque de hierro de Eibar. Pagará la multa, los intereses de demora y los atrasos. Y si no está de acuerdo plantee un contencioso administrativo y “atese los machos” porque los tribunales pueden tardar más de tres años en dictar sentencia.

En cambio, a los que habitualmente hacen “lo que les rota”, nunca les pasa nada. En el sector turístico al cual tenemos que agradecer que haya sido uno de los pocos pilares que a pesar de la crisis económica y se haya mantenido cuando otros muchos han desaparecido o se haya menguado.

Los empresarios del sector turístico creen en el sol, en las playas de fina arena, en los congresos organizados en nuestras ciudades, en el románico, en el gótico y en el renacentismo. En las cultura de la buena mesa, en las estrellas Michelin y en las los bares de tapas… Creen en todos aquellos que hacen pasar un buen rato a los viajeros que nos visitan. Parece que entre todos lo consiguen porque cada año nos visitan algunos más que el anterior y todos quedan satisfechos. Si no, no volverían. Ni ellos, ni sus amigos. Y más ahora cuando todos son amiguetes a través de las redes sociales en las que comparten las buenas experiencias y la malas prácticas en tiempo real.

A los empresarios del sector turístico además de exigirles que paguen sus impuestos como todo hijo de vecino, el impuesto de sociedades y la tasa turística que le corresponda, también habría que apoyarles. No mucho pero si un poco. Las inversiones para construir un recinto hotelero sea de cinco estrellas o un albergue para estudiantes son elevadas y arriesgadas porque además de cómo les funcionará cuando lo inauguren, tienen el peligro que las autoridades municipales detengan la licencia de obra tal como les ha pasado a unos cuantos en Barcelona. No creo que les queden muchas ganas de volver a invertir en la Ciudad Condal mientras esté al frente del consistorio la Señora Colau. Es una pena jugar con los sentimientos, las ilusiones y el dinero ajeno. Una pena que nos costara caro, si no al tiempo.

La semana pasada asistí a una ponencia sobre el futuro de los apartamentos turísticos, me quedé asombrado de las declaraciones de Daniel Benedicto, representante de Happy People Barcelona en el que afirmaba que continúan abiertos y publicitados en ciertas webs, miles de apartamentos ilegales. Que no cumplen con la normativa como establecimiento turístico ya que no tienen ni licencia de actividad ni por supuesto pagan los impuestos al erario público porque solo manejan dinero negro y evitan como “alma que lleva el diablo” cobrar con tarjetas de crédito para no dejar huellas. Vergonzoso y vergonzante que las autoridades dispongan de dos varas de medir.

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